El arte de la luz

Artistas sorprendentes

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Pocos que no sean expertos en arte conocen a Agnes Pelton. Sin embargo, esta fascinante y pionera artista del siglo XX desarrolló un arte único y lleno de curiosidades. ¿Qué sabemos de ella?¿Por qué pasó desapercibida para los circuitos artísticos de su época? Su vida y su obra pictórica están llenas de una intensa veneración por la luz, el cosmos, el color y la calma contemplativa de la Naturaleza.

La vida de Agnes L. Pelton está signada por la búsqueda de la luz. Nacida en la sombría Alemania en 1881, concretamente en la ciudad de Stuttgart, pasó la mayor parte de su infancia viajando por Países Bajos, Suiza, Italia y finalmente a Nueva York, donde viviría largos años junto con su madre. Se interesó muy pronto por la pintura y la expresión artística, pero la mayor parte de su educación la recibió en su hogar debido a su débil estado de salud. Sus padres, acomodados e intelectuales, le acercaron el interés por el arte, siendo su madre compositora y profesora de música. Estudió en la Universidad Pratt, volcándose hacia el estudio del arte y entrando en contacto con las corrientes modernistas de principio de siglo. Sin embargo, una constante en la vida de Pelton fue su completo alejamiento de los circuitos tradicionales del arte, para centrarse en una búsqueda interior de su esencia y su propia expresión. Se acercó a la teosofía de H. P. Blavatsky, el roeriquismo y diversas corrientes filosóficas.

Fundamental para ella fue su viaje a la ciudad de Taos, en Nuevo México, donde se sintió fascinada por los paisajes desérticos, los cielos infinitos y los astros. Fue entonces cuando realiza un alejamiento de las zonas populosas, viviendo en puntos alejados y plenos de Naturaleza, como un molino de viento de Long Island y finalmente su lugar favorito, Cathedral City en California. Se divorció totalmente del materialismo y se interesa por las comunidades nativas americanas. Por este alejamiento, su obra fue poco conocida, hasta que diversas exposiciones empezaron a mostrar el arte contemplativo y meditativo de esta pintora. Desarrolla una pintura de colores intensos, paisajes cósmicos, estrellas fulgurantes, símbolos y metáforas universales. Fascinada por la Naturaleza y los cielos nocturnos, Pelton entendía estos espacios como lugares de conexión con uno mismo y con el todo, con la energía y la sabiduría ancestral. Los desiertos son puentes para entablar contacto con lo que está más allá, con la realidad oculta tras lo que vemos. Y por ello, con sus pinturas buscaba acercarnos a las verdades eternas, algo semejante a lo que ocurría con otros pintores como Kandinsky o Kupka. Junto a espacios reales que retrataba, su obra tiene también numerosos cuadros abstractos en los que se nos muestra el rico mundo onírico de esta artista.

Y sobre todo la búsqueda de la luz, razón absoluta de la propia vida. Luz que se vuelve tangible en los desiertos que ella veneró, en California y Nuevo México. «Toda mi abstracción tiene que ver con la luz y la beneficencia de la luz, porque es sabido que la luz es realmente vida» decía ella. Realizaba retratos y pinturas convencionales para ganarse la vida, pero sus «otras» obras nos muestran sus auténticos pensamientos. Se acercó a corrientes esotéricas y a las expresiones artísticas de otros culturas del mundo, como la japonesa o incluso la polinesia. De allí obtiene su veneración por la flor, como metáfora de ella misma, floreciendo en medio de paisajes áridos y desiertos humanos, conectada al cielo y el cosmos, hacia el cual se alza. Falleció en 1961, a la edad de 79 años en su lugar del mundo, su amada Cathedral City, dejándonos un amplio legado de bellas y expresivas obras que siguen fascinando. Olvidada por la Historia del Arte, esta persona poco convencional ha vuelto a ser reconocida como uno de los artistas más llamativos y valiosos del siglo XX. 

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