El dolor ¿reacción o emoción?

Avances y descubrimientos

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Los ganadores del Premio Nobel de Medicina 2021 nos permiten entender como funciona la estructura de vigilancia de nuestro organismo. ¿Cuáles han sido sus descubrimientos? Sus investigaciones nos permiten entender mucho mejor como actúa el dolor y su estrecha vinculación al cerebro. ¿El dolor controla y maneja nuestra vida?

El dolor es, según la ciencia, una reacción de nuestro cuerpo frente a una amenaza externa, una especie de alarma general que activa mecanismos de defensa. Nuestro templo físico posee el sistema nervioso, todo un aparato compuesto de terminaciones nerviosas y receptores que funcionan como vigilantes ante cualquier agresión contra el organismo. Estos receptores son los llamados «nociceptores», neuronas cuya función es detectar cualquier agresión y desatar la señal del dolor. Nuestro cuerpo posee diferentes mecanismo de respuesta ante estas señales, como los movimientos reflejos de apartarse o protegerse, de naturaleza ultrarrápida; nuestros sentidos se intensifican, en una especie de emergencia general, para incrementar la vigilancia de todo lo que nos rodea; aumenta el ritmo cardíaco y respiratorio, ya que el cuerpo necesita más «combustible» interno; o se liberan hormonas como la adrenalina. En el otro extremo, se encuentra el dolor crónico, que ya no funciona como un sistema de alerta, sino debido a problemas internos del cuerpo. Entender toda esta estructura defensiva del organismo aún es algo que no se ha conseguido plenamente, pero poco a poco se van dando grandes pasos.

Este año, el Premio Nobel de Medicina ha sido ganado por dos investigadores de este mundo: Ardem Patapoutian y David Julius. Ambos pudieron determinar mediante sus investigaciones, cómo diferentes receptores nerviosos son capaces de detectar aumentos de calor, frío o superficie. Así, cuando masticamos un chile picante, son estos receptores los que reaccionan y envían sus señales al cerebro. Estos receptores son también los responsables de activar las señales de dolor. Sin embargo, podemos diferenciar el dolor en dos partes: por un lado la reacción de los nociceptores ante cualquier agresión, y la sensación de dolor que es generada por el cerebro. Este último es el caso de sentir dolor mientras soñamos o de personas que han perdido sus brazos y sienten dolor en su mano: el cerebro actúa de forma independiente y genera sensación de dolor sin que haya un ataque externo. Nuestra mente es un agente sumamente complejo, una especie de computadora cuántica que aún no conocemos en su totalidad. Por ello, investigadores como Patapoutian consideran que nuestro cerebro en muchas ocasiones, «nos engaña», haciéndonos realizar actividades determinadas. Pero, ¿nuestro cerebro siempre tiene razón? ¿o a veces sobrerreacciona y responde a rutinas que le hemos inculcado?

Tomemos como ejemplo la acción de comer. ¿Necesitamos todos los días almorzar a las 14? ¿Cenar a las 21? Si no lo hacemos así, nuestro cerebro pareciera enloquecer y nuestro organismo se retuerce de hambre, a pesar de que estamos bien alimentados. Y así con otros muchos ejemplos, como el dormir a una misma hora o hacer los mismos actos. Nuestra mente tiene la capacidad de controlarnos, pero en nosotros está también la posibilidad de romper estas estructuras fijas que muchas veces nos encierran. Atreviéndonos a variar, cambiando rutinas, haciendo nuevas cosas, nuestra mente se abre a una nueva realidad y logra abstraerse del miedo, el desconcierto y, finalmente, el dolor. Como nos dicen los ganadores del premio Nobel, el dolor se encuentra registrado en nuestra mente y se activa en el cerebro. Estudiemos si realmente el dolor que muchas veces sentimos en el corazón o en el estómago es una reacción ante una agresión determinada, o es un síntoma del excesivo control del cerebro o del miedo ante lo desconocido. El dolor se ha convertido en un sentimiento, una emoción, unos barrotes tras los cuales nos encerramos, buscando refugio de aquello que nos aterra. Como nos dice la filosofía de Origen Estelar, las emociones son portales que nos llevan a determinados lugares. Queda en nuestras manos ir hacia esos espacios desagradables o no.

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