Pequeñas arquitectas

Naturaleza sorprendente

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Los hormigueros no son simples laberintos de cuevas y pasillos realizados al azar, sino que para construirlos las hormigas emplean la física. Este es uno de los resultados de una investigación que nos muestra la sabiduría natural inherente a estas pequeñas criaturas. ¿Cómo se organizan los hormigueros? ¿Cómo seres tan pequeños son capaces de organizarse? ¿Qué podemos aprender de ellas?

El ser humano se enfrenta a grandes retos a la hora de organizar su hábitat, en un mundo en el que la superpoblación o la contaminación son una gran amenaza. Las ciudades y las estructuras, así como el transporte del futuro deberán atender a todos estos desafíos. El aprovechamiento del espacio, la eficiencia energética, el cuidado del medio ambiente, una fácil conexión con otros lugares, son imperativos a tener en cuenta para los nuevos arquitectos. El ser humano ha recurrido siempre a las herramientas tradicionales para superar estos problemas: más tecnología y la aplicación de la ciencia. Pero, si observamos a la Naturaleza podremos descubrir una gran cantidad de soluciones originales e inteligentes. Y más ni menos que de los seres que consideramos más inferiores, los insectos. En este caso estudiaremos a las hormigas, grandes constructoras y maestras en organizar el espacio, los materiales y el trabajo para el máximo provecho comunitario. Los hormigueros son auténticos derroches de ingenio, donde se aplica la física y la máxima eficiencia, donde habitan millones de individuos, organizados en jerarquías y tareas.

No podemos de un solo modelo de hormiguero, ya que cada especie de hormiga tiene su propia técnica de construcción y de organización interna. Pero podemos decir que en su corazón suele encontrarse la reina, encargada de la procreación, y alrededor diferentes salas con diversos propósitos. Hay zonas para el descanso de las obreras, espacios que funcionan como vertederos, almacenes para las semillas,… o incluso jardines internos. Es el caso de las granjas de hongos, habitáculos donde los suelos están cubiertos de hojas cortadas y donde «plantan» estos hongos que emplean para alimentarse. Todas estas salas están interconectadas con multitud de pasillos y corredores, pero también con chimeneas de ventilación. Estas chimeneas permiten airear los espacios subterráneos y están construidos mediante una técnica especial: las obreras toman los materiales y los moldean con su boca, dejando siempre un espacio en su interior, originando así un material poroso que favorece la refrigeración y la circulación del aire. Además, suelen intercalar dos tipos de materiales, por ejemplo arena y arcilla, favoreciendo esta función de airear. Las hormigas sobresalen por su gran capacidad organizativa, siendo capaces de evacuar hormigueros de forma ordenada o de conformar puentes orgánicos con sus cuerpos, colocándose unas encima de otras.

Ahora un nuevo estudio indica que las estructuras de los hormigueros no son fruto del azar, sino que podrían estar siguiendo las leyes de la física. Como en cualquier construcción subterránea, una de las mayores preocupaciones es la de los derrumbamientos, pero se ha descubierto que las hormigas emplean cadenas de fuerza y muros de carga para reforzar sus estructuras. ¿Cómo es que seres tan pequeños son capaces de manejar tantos conocimientos para erigir sus moradas? La ciencia no ha podido explicar esto, pero aventuran la posibilidad de existir algoritmos de comportamiento en las hormigas obreras que se han ido desarrollando mediante la evolución de la especie a lo largo de los milenios. Estos pequeños seres carecen de planos o capataces, son capaces de tomar decisiones irrelevantes a nivel individual, pero beneficiosas a nivel colectivo, funcionando como un gran ente vivo. Los hormigueros que han podido ser estudiados nos muestran una enorme complejidad, con estructuras que alojan a 7 millones de hormigas, con centenares de salas y además relaciones con otros hormigueros cercanos. Es por ello, que esta sabiduría natural puede aportarnos un sinfín de ideas para poder organizar nuestro propio hábitat, sin tan nos fijásemos en estos pequeños arquitectos de la Naturaleza.

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