Jan Van Eyck, el alquimista del óleo

Arte fascinante

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Este año se cumplen 580 años del fallecimiento de uno de los grandes reformadores de la pintura europea, el genial Jan Van Eyck. Sus obras supusieron una celebración del color, la luz y las formas, con pinturas tan famosas como el Matrimonio Arnolfini, que nos han dejado de seducirnos en medio milenio. Pero, pocos conocen la faceta alquimista de este fenomenal artista, simbolista y creador de una nueva forma de representar la realidad mediante el incipiente óleo.

El famoso pintor Jan Van Eyck falleció en 1441, en la ciudad flamenca de Brujas, dejando un impresionante legado de obras pictóricas. Este excepcional pintor es considerado uno de los primeros renacentistas, uno de los que abrió el camino, dejando atrás las técnicas tardogóticas para dar paso a la brillantez del Renacimiento del siglo XVI. De su juventud se sabe muy poco, más allá de haber nacido al sur de lo que hoy son los Países Bajos, en la pequeña población de Maaseik y de provenir de una familia de tradición pintora. De hecho, trabajó en numerosas obras con su hermano Hubert, no estando claro los límites entre ambos. Es clara la influencia de los miniaturistas en sus producciones, que dotó a su estilo de una gran minuciosidad. Pronto, su maestría y prestigio lo hicieron uno de los artistas más conocidos de su época, siendo requerido en las casas burguesas y en los palacios de la aristocracia. Trabajó para el obispo Juan III de Baviera y posteriormente para el duque de Borgoña, Felipe el Bueno, donde alcanzaría su mayor esplendor. En una época en la que los pintores dependían de los encargos que se le hicieran, Van Eyck fue convertido en cortesano y recibía un sueldo fijo.

Fecundo pintor, nos dejó numerosas pinturas de gran riqueza visual y artística. Es el caso de La Adoración del Cordero Místico (imagen de portada), un impactante políptico religioso que tardó 6 años en terminar donde aparecen diversas escenas. El artista incluye alegorías y la veneración del Cordero Místico, así como representaciones de Adán y Eva o de Jesucristo. Y también realizó obras más pequeñas, de carácter burgués y privado, como el famosísimo Matrimonio Arnolfini. En todas ellas Eyck introduce un gran número de metáforas y simbolismos, que pueden ser vinculadas al hermetismo y a diferentes corrientes que por entonces se extendían por Europa, de la mano de los gremios y asociaciones de constructores de catedrales. Eyck nos muestra un estilo marcado por los colores intensos y brillantes, una abundante luz que vence a la oscuridad y la presencia de grandes ventanales en los fondos. También podemos destacar su enorme minuciosidad y el interés por los detalles, herencia de su formación temprana como miniaturista, así como la precisión de las texturas y la apuesta por los espacios tridimensionales. Los cuadros esconden una gran cantidad de detalles, que aportan una gran riqueza a la pintura. Es el caso del Matrimonio Arnolfini, en cuyo centro aparece un pequeño espejo donde incluso se pueden apreciar figuras reflejadas en él.

Uno de los elementos más destacables de esta excepcional pintor fue el uso del óleo. Aunque se le ha atribuido su creación, este ya existía antes. Pero, podemos considerar a Eyck uno de los primeros maestros en esta técnica, llevándola a su máxima expresión en ese entonces. Gracias a esto, pudo dotar a sus cuadros de su gran color, luz y precisión. Pocos saben, sin embargo, que este artista fue un gran estudioso de la alquimia y de las tonalidades, lo que le permitió perfeccionar este arte, empleando aceites y combinaciones nuevas. Mediante la experimentación en la destilación pudo alcanzar el alto nivel pictórico que lo hizo una celebridad en su tiempo. El artista pudo desarrollar colores muy fluidos y ciertamente volátiles, que hacen que incluso hoy en día sea imposible determinar mediante un análisis químico la composición exacta de sus tonos. Todo ello lo vincula a la filosofía hermética que conocía y que desvelaba de forma detallista en sus obras. En todas ellas abundan los símbolos paganos, metáforas y un lirismo que nos recuerda las épocas del mundo clásico, que Eyck fue capaz de camuflar entre cuadros dedicados a la Iglesia o a los ricos comerciantes flamencos. Sin duda, un pintor sobresaliente que creó un nuevo lenguaje y que gracias a la alquimia pudo lograr reformar la pintura del final de la Eda Media.

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