Inteligencia artificial: ¿comodidad humana?

Tecnología sorprendente

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Recientemente se han publicado varios descubrimientos importantes que llaman la atención por el hecho de que han sido realizados no por el ser humano, sino por máquinas. Estos hechos nos demuestran hasta que punto la Inteligencia Artificial se ha vuelto cada vez más necesaria, convirtiéndose en el ayudante moderno del ser humano. Estos acontecimiento generan interrogantes y reflexiones. ¿Nos hemos vuelto demasiado dependientes de las máquinas?

«¡Maldito creador! ¿Por qué me hiciste vivir? ¿Por qué no perdí en aquel momento la llama de la existencia que tan imprudentemente encendiste?» así describía la brillante escritora Mary Shelley como imaginaba que serían los tristes pensamientos de un ser creado por el ser humano, en «Frankenstein, o el Moderno Prometeo». En 1816 la creación de un ser pensante parecía algo lejano pero a la vez posible, ante una incipiente ciencia. Hoy en día, ya podemos hablar de la Inteligencia Artificial que cada vez esta más presente a nuestro alrededor y en la vida cotidiana. En programas inteligentes de las redes sociales, robots virtuales que nos ayudan en tareas laborales, en el Internet de las Cosas, en computadoras capaces de aprender y pensar de forma autónoma,… Andreas Kaplan y Michael Haenlein definen la inteligencia artificial como «la capacidad de un sistema para interpretar correctamente datos externos, para aprender de dichos datos y emplear esos conocimientos para lograr tareas y metas concretas a través de la adaptación flexible». El futuro que Mary Shelley vislumbró tenuemente a principios del siglo XIX ya es una realidad, aunque no seamos demasiado conscientes de ello.

Uno de los campos donde más se puede apreciar la llegada de las máquinas pensantes, es en la propia ciencia. Recientemente, salió a la luz la noticia del descubrimiento de las estructuras que componen las proteínas de nuestro organismo, los ladrillos que componen la vida. Pero, lo más llamativo es que el descubrimiento fue realizado por una sola computadora, llamada AlphaFold, que fue entrenada para estudiar y aprender de forma autónoma. AlphaFold, una computadora ultramoderna, fue capaz de leer el ADN de los aminoácidos, donde se encuentran insertas las instrucciones para conformar las proteínas. Leyendo estas instrucciones, la máquina ha sido capaz de predecir miles de estructuras, no solo del ser humano sino también de otros seres vivos como el ratón de campo o la levadura. Recientemente, otra computadora fue capaz de resolver el misterio de un yacimiento en España (llamado Batallones-10), en el cual aparecieron miles de restos animales de épocas muy diferentes. Aplicando la inteligencia artificial y la búsqueda de patrones, se pudo descubrir la solución al problema: un barrizal de épocas muy antiguas donde los animales se ahogaban sin remedio.

El término de Inteligencia Artificial surgió en 1956, pero es ahora cuando toma realmente sentido su significado. Las máquinas son cada vez más sofisticadas, permitiéndonos solucionar problemas o encontrar patrones que el cerebro no ve. Se han convertido en nuestros ayudantes, permitiéndonos estar a un solo click o a una búsqueda en Google de saber algo. La premisa es la rapidez y la eficacia, frente a la mente humana. Pero, ¿es realmente la Inteligencia Artificial más rápida que la mente en buscar respuestas o teorías? ¿O será que la mente humana se ha acostumbrado a recibir ayuda artificial y no se considera ya capaz de encontrar la solución definitiva? El ser humano erigió obras monumentales, desde pirámides a catedrales, mucho antes de las calculadoras o incluso de las computadoras. ¿Estamos colocando nuestro poder innato en manos de la Inteligencia Artificial? El intelecto ha crecido desde el Renacimiento, desarrollándose la ciencia y las tecnologías, pero también se ha llenado de conceptos y dogmas, que se acabaron transformando en inseguridades y temores. Volviendo al origen, tal vez encontremos la respuesta, liberándonos de tantos impedimentos y barreras mentales. No olvidemos que las computadoras fueron creadas imitando nuestro cerebro, y que ya en nosotros tenemos incorporada la última tecnología: la mente humana.

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