El dragón del cuerpo humano

Ser consciente

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En la editorial de hoy toma la palabra la médica cardióloga Amalia Lorenz, que nos habla del corazón y su función como gran trasmutador energético. El gran dragón de nuestro templo físico es capaz de curarse siempre a través de la vibración más sublime de nuestro Universo: el amor. A lo largo de la Historia, la medicina ha ido evolucionando gracias a numerosos avances y descubrimientos, pero no hay que olvidar la importancia del acercamiento al paciente.

Ya en la Edad Media, los investigadores de esa época robaban cadáveres para estudiarlos y conocer la conformación de su anatomía, intuyendo que, de ese conocimiento, podrían comprenderse las causas de las enfermedades y la muerte a posteriori de las mismas. En Oriente Medio se formaron las primeras escuelas médicas, que abriendo cadáveres, intentaban comprender el motivo de la enfermedad que los llevaba a la muerte. Los avances técnicos y los descubrimientos permitieron una mejor comprensión de lo que conocemos como vida humana, así como el conocimiento de sus dolencias físicas o de los agentes infecciosos. Mucho más tarde, gracias a los estudios realizados con las emociones y el descubrimiento de sus consecuencias en el cuerpo humano, fueron surgiendo nuevas escuelas médicas y nuevas formaciones para profesionales. Todo con el objetivo de comprender y tratar mejor a los dolientes. Finalmente, la tecnología sumando sus imágenes, permitió a los especialistas ver con claridad lo que estaba ocurriendo en el paciente.

Pero ¿está completo el camino? ¿no falta algo?

Por supuesto, debemos tomar en cuenta la energía, no solo la física sino la propia energía espiritual, sagrada, aquella que sostiene lo que somos, aquella por la cual somos. Dentro de nuestro cuerpo, el aparato circulatorio, el respiratorio, el digestivo,… forman el todo que permite nuestra existencia tal como la conocemos. Todos para su normal desarrollo necesitan del oxígeno vital y cada uno de estos sistemas lo consigue a través del  sistema circulatorio, al que le entregan a su vez los restos de su metabolismo celular: el CO2 anhídrido carbónico. Llegamos al corazón, de él depende la oxigenación de todas las células del organismo y el retiro del CO2 de los mismos, en los pulmones, como resultado del metabolismo celular. Al corazón lo podemos dividir en dos partes para su mejor entendimiento. Las dos cavidades que se sitúan a la derecha transportan la sangre con CO2 a los pulmones para así oxigenarla. Las del lado izquierdo reciben la sangre oxigenada para llevarla renovada nuevamente a los tejidos de todo el cuerpo.

Este circuito hemodinámico fundamental para la vida, también transporta la energía cerebral que es trasmutada por las aurículas, para pasar a los ventrículos y por último, a los pulmones, en el caso derecho, y al organismo en general, en el izquierdo. Cuando obtuve este conocimiento energético y sagrado, como cardióloga pensé en las patologías cardíacas, las estenosis e insuficiencias valvulares, las enfermedades del músculo cardíaco y de su envoltura, el pericardio. Todas esas patologías impiden la llegada de esa energía trasmutada por parte de las aurículas a todo el organismo Además de lo estrictamente cardiovascular pensé en la importancia de esa energía e información álmica, en el resto del organismo y de la importancia de que esa energía saneada no solo fuera recibida por el corazón sino por todos los tejidos del cuerpo.

También analicé quien impide que se trasmute la energía. No toda la culpa es de las enfermedades propias del órgano sino que somos nosotros con nuestros pensamientos quienes impedimos que esa energía sagrada nos alcance. Recordé mis épocas de cardióloga asistencial, cuando recibía a mis pacientes, siempre temerosos de sus enfermedades cardíacas, siempre con miedo a morir o a sufrir complicaciones. Siempre con temor a prácticas invasivas como cateterismos, cirugías o cardioversiones (choques eléctricos para corregir arritmias). Finalmente, esa energía también la recibe el médico que los trata. Recuerdo a mis compañeros cardiólogos, algunos siempre serios, mientras que otros, se comunicaban con palabras poco aliviadoras para el paciente. Todos en general confiando sobre todo en el resultado de los estudios o en la propaganda comercial ofrecida por los visitadores médicos, olvidando la importancia de la comprensión del sentir de sus pacientes y la magia de la palabra que explica y contiene a tan angustiados seres.

El corazón es el gran dragón, cuando trasmuta nuestra energía emanada por el cerebro, en sus aurículas. Sus vínculos son con el amor. Todo esto es algo que debieran conocer y sentir nuestros pacientes y los profesionales, que los tratan, pues a través de ese sentir, toda patología por compleja que sea, tiene la oportunidad de sanar.

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