La razón de existir

La importancia del trabajo interno

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Anael  nos recuerda la importancia del trabajo interno para alcanzar el despertar del Ser. La historia de la filosofía nos trae multitud de estudiosos del ser, ellos fueron referentes no para imitar o copiar, sino para estimularnos a ser creadores y enfocarnos en nuestro trabajo interno.

Con errores, con aciertos, el humano va girando en ese bucle constante y repetitivo. Incompleto, toma decisiones, a veces se rompen lazos, otros se resignifican y avanzan juntos en sus heridas intentando desentrañar la vida, aunque pocos profundizan en su significado. La marca más grande en la vida de cualquier mortal es la incomprensión. No saber quiénes somos, no comprender las capacidades inherentes que arrastramos desde que venimos a este planeta, nos arrastra y llena de emociones; nos aleja de la conexión interna y a veces de la propia existencia. Quedamos huérfanos de nuestro origen, convirtiéndonos en presas fáciles y manipulables por nuestra falta de voluntad para dar ese paso hacia la liberación.

Según vamos avanzando en el camino de esta geometría llamada vida, se comienza a conectar con una parte más sublime, a ese camino o estado superior de la ceguera, se le ha denominado Despertar.  Los seres humanos que transitan dicho recorrido creen haber salido de ese gran presidio, donde unos lo llaman sistema y otros matriz,… Pero no es así, hay otros bucles más profundos, patrones, repeticiones que soslayar y que traspasar que solo el buen observador puede captar.

El laberinto más complejo en el que está sumida la mayor parte de la población humana, es el autoengaño. Creen que saben, creen que comprenden, creen que están afuera del círculo negro; algunos suponen que son los elegidos, otros que son víctimas, creen que «lo han superado» o piensan que les falta mucho. Porque el humano se construye sobre la base de otros humanos, copiando o incorporando conceptos de otros, o formas de pensar de referentes a seguir o imitar. Un referente, es un individuo que nos presenta su universo y su forma de interpretarlo; no debería importarnos si estamos de acuerdo o no, no se debería imitar, ni acopiar como propio. Un referente es un individuo que propone y que lleva al lector o al oyente a reflexionar o a preguntarse cuestiones que no se le habían presentado en su vida, estimulando así una nueva iniciativa, quizás un camino con pensamientos propios. 

“Hay que ser un héroe para enfrentarse con la moralidad de la época” dijo Michel Foucault. Ojalá esos referentes que nos hicieran reflexionar fueran otros que los que en la actualidad inciden en la sociedad actual de masas. Tales de Mileto dijo “La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil es hablar mal de los demás” o Descartes “Cogito ergo sum (Pienso, luego existo)”. Ojalá nos acercáramos a Immanuel Kant como referente del empirismo y racionalismo, o estudiásemos al revolucionario Nietzsche con sus contundentes afirmaciones «Dios ha muerto» o su eterno dudar expresado en frases como: “Todo lo que los filósofos han manejado desde hace milenios fueron momias de conceptos, nada real salió de sus manos”. Reflexiones como “Avergüénzate de morir hasta que no hayas conseguido una victoria para la humanidad” de Jürgen Habermas, nos hicieron tener una mirada más profunda de la vida. Pero la razón de existir, ésa es una búsqueda personal, un viaje único que nadie nos puede enseñar, que no se puede imitar.

Los referentes de hoy en día son personajes creados por las redes, la mayoría son comunicadores carentes de preparación, ausentes de conexión que hablan para una gran parte de la humanidad en su estado inconexo, degradado, vacío de sí, enfermo de tanto desequilibrio y gula mental. Habría que realizar un gran exorcismo humano y vaciarlo de su enorme confusión. Salir de todo ello es un reto, pues pensar desde uno y actuar en consecuencia sería un comienzo para una nueva civilización.

Aprender por nosotros mismos a pensar, a ser sensatos, a tener conexión con el mundo o el cosmos que nos rodea. A respetar cada universo y su forma de interpretarlo. Estar tan pendientes de lo externo, del otro, nos ralentiza, nos corroe, nos termina suicidando. ¿Podremos dar un salto y dejar de ser un Homo Erectus del pasado y convertirnos en una humanidad con Consciencia de su divinidad? Quizás si conectamos con nosotros, aunque solo sea un instante, a solas, sin compararnos y sin imitaciones, logremos encontrar la razón de nuestro existir.

En Amor, Anael

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