La danza del cosmos

Sabiduría de Oriente

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Los exóticos giros de los derviches de Turquía se han convertido en uno de los principales reclamos turísticos de este país. Pero, más allá de esta turística tradición, esta antigua costumbre nos descubre el fascinante mundo de los sufíes o místicos del Islam. ¿Cuál es su origen? ¿Quién fue su famoso creador, llamado el «Sabio» y venerado en el mundo musulmán?

La costumbre de las prácticas ascéticas y místicas ya era corriente en Oriente Medio antes de la llegada del Islam. Los cristianos de estas regiones, ya desarrollaron un importante monaquismo, tradición que se mantuvo con la llegada de la religión de Alláh. Así, durante el siglo VIII de nuestra era, empiezan a surgir las primeras escuelas sufíes, en torno a un gran maestro, cuyos integrantes siguen una estricta norma de mendicidad y acercamiento místico a la «fuente» del Islam, el propio Alláh. Estas escuelas se denominaban turuq y sus miembros son los sufíes, cuyo nombre proviene de suf (lana) por la ropa que utilizan. Estudiosos de su religión, devotos seguidores, buscaban el lado místico del Islam, sobre todo en la perfección del culto y la purificación interna, sobre todo del corazón, donde para ellos se aloja el espíritu. Basándose escrupulosamente en el Corán y en sus hadiz, o citas sobre la sabiduría de Mahoma, los sufíes buscaron el acercamiento a la divinidad, siguiendo el camino marcado por el Profeta. Para ello, apostaban por un estricta norma ascética y dedicada a cumplir con los preceptos máximos del Islam.

Así surgirán numerosas órdenes y cofradías en amplias zonas, como Persia, Siria o el Norte de África. Sabios y eruditos escribieron numerosas obras sobre las prácticas sufíes y desarrollaron una amplia filosofía. Es el caso de Al Muhasibi y muchos otros. Uno de los más prestigiosos y famosos para el Islam fue el poeta y místico sufí de origen afgano, Rumi, que vivió en el siglo XIII. Nacido en lo que entonces era una lejana provincia del extenso imperio persa, se trasladó a lo que hoy es Turquía, a la ciudad de Konya. Su vida estuvo signada por su educación en manos de estudiosos sufíes, quienes lo iniciaron en las prácticas místicas y pronto se convirtió en uno de los grandes intelectuales de aquel entonces. Su nombre quedó grabado en la Historia gracias a su escritura y poesía deslumbrante, que lo han convertido en el escritor más leído del mundo musulmán después del Corán. En sus obras, Rumi nos habla del fin último de la filosofía sufí, la ansiada Unidad con la Divinidad, con la fuente de la luz y la sabiduría. Entre sus composiciones más importantes podemos mencionar el famoso Masnavi, siempre en clave poética.

Rumi falleció en 1273, pero el impacto de su obra fue inmensa en todo el mundo islámico, donde era llamado el «Sabio». Seguidores de su filosofía dieron origen a la corriente de los llamados derviches giradores. Estos aplicaban una de las máximas de Rumi: a través de la música y el baile se podía «encontrar» a Dios, alcanzando la Verdad y purificando el Alma, centrando su ser en lo divino. Surge así la costumbre del Sema, una danza sagrada en la que los derviches giran al son de una música, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Convertida en una atracción turística, no debemos olvidar el inmenso trasfondo místico y cultural que posee este baile ritual, que nos muestra una vez más el imperecedero deseo del ser humano de acercarse a la divinidad o a la Fuente. Y lo hace en este caso a través del sonido y el giro, imitando la perfección del Universo, en el movimiento de los planetas, como nos explica Rumi. Con la mano derecha levantada, para conectar con la gracia divina y cósmica, los derviches realizan sus armónicos giros, como si se desprendieran del suelo y ascendieran a otra dimensión.

«Cada flor fragante nos está contando los secretos del Universo»

Rumi

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