Latidos en la vigilia

Rincón de Lectura

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Hoy les traemos una nueva composición para el Rincón de Lectura de este Magazine. Anael de Origen Estelar nos trae un relato corto en el que nos habla sobre el sueño, el despertar, las emociones y la existencia en su infinitud. Les aconsejamos que lo lean en su lugar favorito y disfruten!

Una mañana me desperté con la mente vacía, ausente de los pensamientos del mundo. Me desperté fría, como si hubiera dormido bajo las sombras de la vida, con la sensación de que había estado mucho tiempo entre los brazos de Morfeo, más del que una eternidad pueda permitir. Intenté abrir los ojos, pero algo me lo impidió: era como si una fuerza sobrenatural me dificultara conectar con mi cuerpo. Me asusté y de inmediato pensé “¿Qué me ocurre?, ¿acaso he muerto?”

Y una voz susurró: “¿Qué es la vida y qué es la muerte?”

Respiré profundamente e intenté comprender a pesar de la incertidumbre que me hacia sentir el no poder abrir los ojos. Dicen que cuando mueres toda tu vida viene a tu encuentro. Decidí convocar esos recuerdos e hice un repaso de mi vida, comenzando por el principio. El llanto de mi propio nacimiento, después, me vi siendo niña mirando siempre hacia arriba, intentando buscar la mirada lúcida de algún adulto, que creo nunca llegó y dejé de pedir respuestas para entrar en la verticalidad cósmica, en ese cielo y su infinito espíritu. Recuerdo tener la sensación de no pertenecer a este planeta, ni a ningún otro. Y seguí reconociendo momentos que me pertenecieron, vínculos rotos, miedos que se apoderaron, otros que te transforman y algunas frustraciones que enterré por debajo del pliegue de mis ojos.

De nuevo percibí esos cansancios diarios, donde la vida se escapa y el cuerpo se densifica, donde el esfuerzo te colma, donde las horas te arrastran hacia la infinidad de pensamientos que siempre terminan en una sensación de soledad profunda. Como si estuvieras arrastrando la miseria de otros, en vez de liberar mi voz, de desatar mis enredos dormidos. Recuerdo buscar durante setenta vueltas al Sol una respuesta digna, sincera, para poder dar sentido a mis pies.

Respiré, aun sin poder abrir los ojos, para alejar esa sensación arcaica y de repente decidí dejar de hacerlo, dejar de respirar de forma consciente. No tuve miedo, porque recordaba otros momentos en los que durante un instante dejaba de respirar, y la claridad llegada adentrándome en la escucha de mis latidos. Ansiaba escucharlos de nuevo para comprender si definitivamente estaba viva o no.

Toda mi atención fue dirigida hacia ese sonido mágico. Pero no había ninguna música, no escuchaba nada ¿Qué me pasa? ¿Por qué no me siento? Solo escucho mi voz interna …Y una voz me dijo:

  • Toda existencia es un continuo bucle. Ten calma y reconócete. Solo así podrás manifiestar tu esencia.

En ese momento, me aferré a mi propia presencia, todavía no sentía mi cuerpo pero intuía que de alguna forma, mi conciencia estaba en alguna parte, que formaba parte de otro organismo; podía sentirme sin ser materia, aunque no pudiera tocarme ni verme. Acepté que esa era mi realidad y que en algún momento todo volvería a cobrar sentido. Me tranquilicé y recuperé la paz, como si hubiera formado parte de mi existencia en algún momento. Y así fue como despacio, pero a un ritmo cada vez más constante un pulsar se fue acercando. Era el latido de mi corazón, ¿o no? Podía sentir un latido fuerte pero lejano y otro a la vez que era más sutil y cercano, más mío. Cada vez se hacían más presentes ambos latidos, conectados entre sí de alguna forma que no podía llegar a entender, vinculados más allá de esta vida. Me sentí viva, estaba siendo testigo de mi propio nacimiento como humana, de nuevo.

Anael

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