La cambiante imagen humana

Arte y pensamiento

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Nos encontramos en un momento en el que la imagen nos gobierna. La imagen que proyectamos se ha vuelto de suma importancia, en una actualidad de redes sociales, fotos a cada minuto con celulares o tablets, Instagram,… Podríamos incluso hablar de una dictadura de la imagen, en la que todos somos impelidos a definir nuestro aspecto en función de modas, estilos, nacionalidades, culturas,… Nuestro aspecto exterior se ha vuelto nuestra definición de lo que somos, en lo que creemos, de nuestros valores, y de todo aquello que nos construye como persona, o eso creemos. Pero ¿siempre hemos estado sujetos a los mismos cánones de belleza y poder? La imagen del cuerpo ha sido un elemento muy cambiante, algo que ha ido evolucionando a lo largo de la historia, de forma muchas veces vinculada a los patrones de lo que es considerado bello o de determinadas estructuras históricas.

En la Prehistoria y la Antigüedad hubo cambios enormes en la representación de la imagen humana, desde las primeras figuras de las cuevas hasta las tallas de los templos grecolatinos. En el Egipto de los faraones se empleaban diversas perspectivas que mostraban poder y dominación, se utilizaban figuras casi geométricas. Algo semejante ocurría en Mesopotamia, mientras la pintura o el grabado fueron avanzando hacia un mayor grado de realismo, así como la escultura. En Grecia se parte de figuras casi cubistas de las islas Cícladas, hasta la belleza de esculturas como la Victoria de Samotracia y la idealización de la figura humana. La representación humana nos ha mostrado épocas de gran brillantez cultural, en las que la naturaleza humana ha sido engrandecida, como durante el Renacimiento, cuando el individuo adquirió el poder de cambiar el mundo, mediante su arte o su inteligencia. El David de Miguel Angel o el Hombre de Vitrubio de Leonardo da Vinci nos muestran este empoderamiento del ser humano, después de siglos de oscurantismo medieval.

La Ilustración o la Revolución Industrial llevaron a la representación humana a un nuevo escalafón, donde el arte primaría frente a otras miradas. Los cuerpos pierden solidez, se disuelven en colores o formas abstractas, como ocurrió durante el Impresionismo o el Cubismo, hasta llegar a la actualidad. Las culturas y los tiempos nos muestran una intensa metamorfosis en esta concepción, en la que volvemos al principio, a preguntarnos quienes somos. La figura humana se ha visto rodeada de todo tipo de paramentos, adornos, ha sido degradada en función de ideas o dogmas que han construido toda una malla ideológica en torno a nuestra concepción visual. El cuerpo es también un vehículo de ideas, poderoso y ineludible, que nos influye de forma constante. Por ello, la tan diversa representación humana a lo largo de nuestra Historia nos define como seres cambiantes que se interrogan acerca de su propia naturaleza, buscando una respuesta clara que tal vez nunca encontremos. ¿La contestación a esta pregunta se encuentra en nuestro exterior? ¿O en nuestro interior como seres conscientes y conectados?

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