¿Sonda cósmica?

Descubrimientos sorprendentes

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El extraño objeto interestelar de Oumuamua que atravesó el Sistema Solar rápidamente hace algunos años, sigue provocando ampollas en la comunidad científica. Diversas voces comienzan a afirmar que se trata de una sonda extraterrestre. ¿En qué se apoyan estas hipótesis? ¿Cuál sería su función?

En 2017 la comunidad internacional detectó un extraño objeto que atravesó como una centella el Sistema Solar. Como suele ocurrir en estos casos, un grupo internacional de diferentes personas liderados por el Instituto de Astronomía de Hawaii realizó este descubrimiento usando el telescopio Pan STARRS 1. El nombre elegido para denominar a este objeto fue un término hawaiano: Oumuamua, que viene a significar “centinela” o “mensajero” de las estrellas. El origen de este Mercurio estelar es una incógnita, ya que la posibilidad de que procediera de la constelación de Lyra, concretamente de su estrella más luminosa, Vega, fue desechada. Sea como sea, los interrogantes son muchos y todos los grandes telescopios del mundo como los de Chile o Hawaii no dejaron de observarlo con fascinación. Su paso fue breve, pero pudo ser estudiado en profundidad. La importancia de este descubrimiento radica en que se trata del primer objeto interestelar observado y documentado, del que se había teorizado pero que nunca se había podido probar.

Hubo tres elementos que desconcertaron profundamente a los científicos. Por un lado su forma, alargada y aplanada, algo nunca visto, como si de una nave aerodinámica se tratase. Su color y brillo intrigaron a los investigadores, ya que al pasar junto al Sol su brillo aumentó considerablemente, como si se tratase de un objeto totalmente metálico. Y por último, el indicio más intrigante, fue la trayectoria seguida por Oumuamua al acercarse al Sol. De pronto corrigió su rumbo, desviando su trayectoria, como si de un golpe de timón se tratara, sin que pueda atribuirse a tormentas solares o cambios en la gravedad. Era oscuro y con brillos rojizos, debidos seguramente a la radiación recibida de las estrellas en sus viajes interestelares y a la presencia de metales como el hierro. No contiene agua ni hielo, y tampoco deja una estela, lo que dificulta su caracterización como meteorito o cometa. Al acercarse al sol, no se vaporizó ni se encendió como suele suceder, lo que obstaculiza su localización.

¿Fue este un objeto extraterrestre que recorre el Universo? Uno de los grandes impulsores de esta idea es el catedrático en Astrofísica de Harvard, Avi Loeb. Apoyándose en el tercer indicio principalmente (el curioso cambio de rumbo de Oumuamua) el científico está seguro de que se trata de una especie de vela solar o nave ultrafina de origen extraterrestre. ¿Su objetivo? Tal vez se trate de una sonda que recorra el Universo recabando datos, que sea una máquina ya en desuso que flote libremente perteneciente a una antigua civilización, o restos de alguna red de comunicación. Sea como sea, Loeb ha sido muy crítico de la comunidad científica, opuesta de forma dogmática a cualquier indicio de vida del cosmos. Quien sabe si esta vez la facción científica pueda mirar más allá de sus ojos empíricos y sentir una frecuencia que les lleve – como las ondas de holón – a otros niveles de la conciencia, para poder sentir que todo lo que nos rodea es vida.

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