¿Por qué la lluvia es terapéutica?

Naturaleza interesante

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Las lluvias, características del otoño y el invierno, generan toda una serie de efectos en el ser humano. Desde su aroma hasta el sonido que las acompaña, todo ello produce diversas consecuencias en la mente y el espíritu. ¿Por qué sentimos ese impulso ancestral de resguardarnos cuando empieza a llover? ¿Dónde se origina el «olor a lluvia»?

Podríamos decir que el mundo se divide entre los que detestan la lluvia y los que la aman. Cuando el cielo se cubre de nubes y el agua desciende en cortinas, el ser humano debe adaptarse a ello, con alegría o enfado. Suele vincularse la lluvia a los caracteres introspectivos, al tiempo de reflexión y de recogimiento en el hogar, a la escritura y la lectura. El clima influye de forma fundamental en las personas, sobre todo en aquellos lugares donde son abundantes las precipitaciones, como las Islas Británicas o las zonas tropicales. Los bosques son grandes generadores de lluvia, al atraer la humedad e impulsar la aparición de sistemas tormentosos, por lo que la deforestación es una de las principales causas de la sequía. Las precipitaciones mejoran la calidad del aire, eliminando partículas en suspensión, aerosoles, polvo y otros contaminantes que tan frecuentes son en las ciudades. El agua los filtra y elimina, depurando el aire, por lo que es más que recomendable abrir las ventanas cuando llueve.

Una de las características que acompañan a los chaparrones es el característico aroma que se expande. Este «olor a lluvia» se denomina petricor, nombre creado en el siglo XX por dos geólogos que estudiaron su origen. El petricor es producido por las bacterias que habitan en los suelos y la tierra, que al recibir humedad generan geosmina, una sustancia que exuda el aroma a lluvia. Esta sustancia actúa como botón de alarma, atrayendo a todos los seres vivos hacia el agua, desde animales a seres humanos. Además, cuanto más seco esté el suelo, más intenso será el petricor. Pero es también un aroma suave con un efecto calmante que los perfumistas incluyen cada vez más en sus productos, sabedores de las sensaciones que producen en las personas. Por otro lado, las lluvias generan fracturas en los tejidos de los vegetales, provocando que emitan olores intensos de sus terpenos, mientras que los rayos y descargas eléctricas expanden el ozono, un limpiador de primera categoría.

Otro de los elementos que acompañan a las lluvias es el sonido que genera. En Youtube proliferan los vídeos de sonidos de tormenta, a los que muchos recurren buscando tranquilidad y sosiego. El golpeteo rítmico de las gotas de agua es un sonido constante que se suele denominar «sonido blanco» cuyos efectos son cada vez más destacados. Un reciente estudio realizado con ancianos en residencias, descubrió que puede llegar a reducir considerablemente la ansiedad y los estados nerviosos, de forma semejante al sonido de las olas del mar. El sonido de lluvia genera en el cerebro conexiones que lo vinculan a recuerdos de tranquilidad, calma, el hogar o la introspección habitual de los días de tormenta. Es por ello que los musicoterapeutas los utilizan cada vez más, resaltando su efecto sedativo. Por todo ello, las lluvias son mucho más que correr para cubrirse del agua o la molestia de no poder salir de casa, son auténticos bálsamos que nos regala la Naturaleza.

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