Palacios y propaganda en Moscú

Curiosidades de la Arquitectura

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Entre 1930 y 1950 se desarrolló en todo su esplendor una arquitectura poco conocida fuera de Rusia, el llamado gótico estalinista. Buscando engrandecer el poder del Estado estalinista, se erigieron inmensas torres, avenidas, palacios proletarios o el famoso Metro de Moscú. ¿Cuál era la función de estas obras monumentales? ¿Por qué eran ejemplos de la Guerra Fría y de la propaganda?

En 1917 la Historia de Rusia cambiaría de forma trascendental, acabando con la inmortal y omnímoda dinastía de los Romanoff que gobernaba el país con mano de hierro desde el siglo XVII. La crisis económica y social derivada de los problemas por la Primera Guerra Mundial y las enormes dificultades del atrasado Imperio Ruso hicieron implosión. Dos revoluciones en 1917 hicieron caer al zar Nicolás II, desatándose una guerra civil entre comunistas y monárquicos que acabó con la victoria de los primeros y la instauración de la URSS. En medio de titánicas y traumáticas reformas en agricultura e industria que buscaban concentrar la economía en manos del Estado y deportaciones masivas, Iósef Stalin quiso cambiarle la cara a su capital, Moscú. A partir de 1931 se inicia un vasto movimiento arquitectónico que buscaba consolidar a la capital rusa como una de las grandes metrópolis del mundo.

Esta etapa se la conoce como gótico estalinista o incluso clasicismo proletario. Influenciado por la dictadura nazi de Alemania y por la fiebre constructiva de rascacielos en EEUU, Stalin impulsó la realización de inmensas obras que mostrasen el poder de la nueva nación estalinista así como su paternalismo. Se busca el monumentalismo, el gigantismo, un retorno al neoclasicismo y al estilo palaciego, con pórticos, balcones y pináculos. Uno de los ejemplos de esta etapa de locura arquitectónica fue el Palacio de los Soviets, una ciclópea estructura que estaba destinada a convertirse en el edificio más grande del planeta. Alcanzaría los 450 metros de alto y estaría coronada por una enorme escultura de Lenin de miles de toneladas. El plan original contaba con una alta torre rodeada de estructuras con columnas donde se celebrarían exposiciones, congresos y supondría el epítome de la liturgia estalinista. Sin embargo, el proyecto nunca se pudo llevar a cabo debido a las dificultades económicas y al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo entre los años 30 y 50 del siglo XX sí se pudieron llevar a cabo numerosas obras. Entre las más representativas está el Metro de Moscú que se empezó a construir en 1935. Considerado como el más hermoso del mundo, algunas de sus estaciones son auténticos palacios bajo tierra, con escaleras y pasillos de granito o mármol, arañas de cristal colgantes, frescos, esculturas de bronce y arcos. En él se instalaron los primeros sistemas de aire acondicionado o las primeras escaleras mecánicas del mundo. En superficie se abrieron grandes avenidas para mejorar la circulación de vehículos como la actual Tverskaya o la Dorogomilovo, buscando una organización radial en cuyo centro se encontraba el Kremlin. Por otro lado, imitando los rascacielos de New York o Chicago, se erigieron las llamadas 7 Hermanas, monumentales edificios con estilo neogótico y neoclásico con altas torres que coronaban la capital rusa. El más alto fue el de la Universidad Estatal, que se convirtió en el edificio más alto de Europa. Este estilo sería imitado en otros puntos de la URSS y sus estados satélites, como en Minsk, Varsovia o Bucarest.

Todo este gran movimiento arquitectónico supuso también la demolición de innumerables construcciones en Moscú. Es el caso de la Catedral de Cristo Salvador, demolida para levantar el Palacio de los Soviets, que al final nunca fue construida. Las autoridades soviéticas prefirieron construir nuevos edificios en vez de reconstruir los sectores dañados por la guerra. Esta arquitectura buscó engrandecer la imagen del Estado y se convirtieron en muestras de la propaganda estalinista, que ocultaba las sombras de un régimen dictatorial. Una muestra de la importancia de la arquitectura y su lenguaje, que a través del tamaño y la grandiosidad busca crear imágenes de poderío en el imaginario popular. Mientras en EEUU o Londres se erigían inmensos bancos o edificios empresariales que glorificaban el poder capitalista, en la URSS se buscaba engrandecer al Estado y la dictadura estalinista.

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