Bajar al núcleo de la Tierra

Mundo sorprendente

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Han inspirado nuestra imaginación desde hace siglos, pero las cuevas naturales aún guardan muchos secretos. Entre las muchas que existen destacan las dos súperprofundas que conocemos y que alcanzan dimensiones gigantescas. ¿Cuáles son estas hiper cuevas? ¿Qué se ha encontrado en su interior?

Nuestro planeta está lleno de cuevas y orificios, generados por la erosión, fruto de corrientes de agua, lava o hielo. Se conocen miles, a lo largo y ancho de la geografía del planeta, explorados por el ser humano a lo largo de los siglos. Han sido lugares míticos y legendarios, hogar de monstruos, custodios del acceso a otras realidades. Entre los muchísimos ejemplos, podemos mencionar al cíclope al que Ulises se enfrentó con su ingenio, que habitaba en una cueva; o el dragón con el que luchó San Jorge, que emergió de un túnel subterráneo. Han sido también vinculados al Averno o el Infierno. Los griegos creían que en algún punto cerca de Crimea había una inmensa oquedad subterránea por el cual se accedía al reino de Hades. En México son célebres los cenotes, grandes agujeros en el terreno kárstico provocados por la disolución de la piedra por el agua, que los aztecas y mayas vinculaban a los orificios de un gran ser dormido que había originado el mundo.

Otros son famosos por su belleza, cubiertos de estalactitas y estalagmitas como grandes salones tallados por los elementos. Entre las numerosas cuevas del mundo, destacan las superprofundas, de las cuales solo se conocen dos en el mundo. Por un lado, la de Veyovkina, situada en una zona en conflicto, la región secesionista de Abjazia, en Georgia, al sur de la Cordillera del Cáucaso. Se trata de una inmensa oquedad compuesta en su mayoría por túneles casi totalmente verticales, y sin agua, lo que permite una mejor exploración. Comenzó a ser investigada en 1968 y poco a poco el ser humano se fue abriendo paso en su inmenso interior. En el año 2020 se logró descender hasta los -2212 metros, tardándose 3 días en bajar hasta sus profundidades más recónditas. Se trata por lo tanto de la cueva natural más cercana al núcleo de la Tierra que conocemos, un «laberinto» de pasillos y simas como explican los espeléologos que se han atrevido a estudiarla. En su interior la humedad es del 100% y hay un intenso frío.

La otra cueva superprofunda que conocemos es la de Voronia – Krubera, situada en la misma región de Abjazia, a los pies de los imponentes montes caucásicos. Comenzó a ser explorada en los años 80, llamada también «Cueva del Cuervo». Su profundidad alcanza los -2100 metros, la cota más baja alcanzada ya en el año 2012. Un evento curioso y a la vez peligroso se produjo en 2010, cuando un grupo de exploradores ruso-español quedó atrapado en su interior. Aunque pudieron ser rescatados sin contratiempos, esta estancia mas duradera permitió descubrir al animal a más profundidad, un artrópodo de 6 patas y cuerpo blanco, denominado «plutomurus». Se considera que estas cuevas superprofundas conforman un sistema subterráneo interconectado, junto con otras situadas bajo las aguas del Mar Negro, componiendo un inmenso ramillete de túneles bajo tierra. Los científicos esperan que con las mejoras tecnológicas de las próximas décadas podamos descender cada vez a mayor profundidad, descubriendo tal vez algún día el núcleo de estas cuevas misteriosas.

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