El instante hecho palabra

Entrevista

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«Vuelo extendiendo mis alas, vuelo habitando el Uno. Siento la unidad en mis aguas claras y cristalinas. Recipiente del Universo, paseante del cielo». Con esta pequeña muestra de las profundas y reflexivas palabras de Elder Lavergne, empezamos esta entrevista donde ella nos habla sobre su escritura, el tiempo, la Naturaleza, la inspiración o la literatura actual. Nos muestra su forma única de ver y percibir el mundo, algo que transmite en su nueva obra «Colinas Eternas« de Editorial Origen Estelar que será publicada muy pronto.

En tu escritura hay un profundo estudio de cada elemento, como si los segundos fueran muy largos, como si hicieras una cirugía del instante. ¿Cómo es esta forma de detenerse en el segundo? ¿Qué representa para vos el tiempo?

La escritura crea un espacio íntimo y espiritual. Un escenario donde el silencio me permite tomar cada palabra, las que se dejan y entonces las habito con libertad. Me permite intimar con esos compartimentos llenos de las esencias de todo lo que me rodea, inmiscuirme en su movimiento atemporal y  escuchar el diálogo aún no expresado. Es un estado sereno donde me permito el verdadero presente. Los instantes responden a este estado. El individuo corriente aún necesita del tiempo ordinario, aquel que organiza y que  pone todo en un aparente orden sin darse cuenta que el tiempo es un invento. Llevo mi existir fuera de ese tiempo. Busco mi propio orden, en la armonía en la observación y en la contemplación. Ello no me aparta del mundo sino todo lo contrario me hace un vivir alegre, sin peso, sin juicio. Me deja espacio para ver con más detalle todo lo que está a mi alrededor . La cuestión es mantenernos en ello, conservarlo. Las puertas están siempre abiertas.

– La Naturaleza es un pilar clave de tu escritura, hablando de la maestría de los árboles o del agapanto. ¿Cómo la interpretas? ¿Es un mundo aparte o algo que sirve de disparador para tus escritos?

Bueno, has tocado el espacio que para mí es único y verdadero y donde me puedo sentir arropada. La Naturaleza fue desde niña el lugar donde poder hacer realidad la imaginación.  De pequeña no jugaba mucho con juguetes. Tengo que agradecer a mis padres que siempre han elegido lugares amplios para que viviera toda la familia. Los árboles y todo lo que crece a su alrededor fueron el leitmotiv de una niña que adoraba estar alejada de los espacios cerrados. Sentir la brisa, el ruido de las hojas, ver el reflejo de las estaciones en cada rama, el olor a la fruta madura,… todo ello dejó labrado en mi un ejercicio íntimo, al cual le siguió el silencio casi sin darme cuenta. Ello forjó la observación, el tomar distancia de los hechos, ya que siempre me vi ocupando un lugar privilegiado desde donde otear la vida, mis días, las decisiones. Me gusta mirar el impulso de los árboles, siempre buscando el firmamento. Sus ciclos: crecen sin temor, aceptan porque hay una comprensión mayor en ellos. La posibilidad de volver a nacer les hace eternos. Me muestran la simpleza.

– En tu nuevo libro hay algunos textos que contienen cierta mirada social, como «Zombies» donde en cierta forma se habla de la deshumanización y el automatismo de la sociedad. ¿Qué opinión tienes sobre el ser humano en la actualidad?

Pienso que el individuo está tremendamente distraído, alienado, opaco. Vive lejos de su singularidad, su luz, energía y sabiduría. Creo que no se puede apartar de aquello que le diseña sus existencia por miedo, por ignorancia y por falta de voluntad. Hay un momento en que se produce una sacudida espontánea de la sabiduría inherente a cada ser, que nos dispara a cuestionar y cuestionarnos, preguntarnos qué es todo esto. Y es justamente en este instante cuando habilitamos mínimamente la luz de nuestro interior, la que nos trae coherencia, nos aporta amplitud y alegría, es decir, el verdadero sentido de estar aquí encarnado. Consideró que ya es momento de madurar, de alejarnos de lo que nos limita para tener la verdadera expansión: conciencia habitando un cuerpo biológico con una sabiduría universal que proviene del Universo.

– Tu estilo de escritura discurre entre la poesía y la prosa. Vos misma te consideras una tejedora de palabras. ¿Consideras que la literatura actual ha caído en un excesivo encorsetamiento en géneros y formas? 

Este libro es libertad, así me gusta definirlo. Su contenido no responde al género de la poesía, no sigue una métrica establecida. Cada composición la defino como tejidos, como mallas formadas por hilos llenos de inspiración en espera de ser llamados y que tienen una musicalidad propia. Las grandes obras están ahí, son inmensas experiencias de individuos que nos contaron desde su tiempo lo que es la existencia en todas sus manifestaciones. Y ello está plasmado en todos los géneros literarios. La escritura es algo recurrente. El humano tiene necesidad de expresar qué hay en su interior y lo transmite a través de diversas manifestaciones. Y eso es así , solo que tenemos que tener la responsabilidad interna de expresar la verdad, nuestras certezas, nuestros hallazgo de eso que llamamos sabiduría y fluir sin imitación, sin esquemas, dejando aflorar creaciones nuevas. Solo así avanzaremos como humanidad. «Colinas Eternas» no responde a un género literario.

– Tus escritos nos aportan tu mirada sobre el mundo, a veces descriptiva y llena de asombro y otras de crítica hacia situaciones del mundo cotidiano. ¿Cuál sería el mensaje que te gustaría dejar para los que leen tu obra?  .

En este libro expongo mi mundo interno, mis escenarios, la Naturaleza y el Universo. La forma en que me inspiro, los tiempos y los movimientos. Solo deseo que cada lector también se encuentre en todo ello. Que cada tejido despierte la sabiduría que resguarda su interior y que sirva de impulso para vivir definitivamente su verdad. Solo aquel que se atreva a realizar su sueño puede trascender. Y el sueño no es ilusión.

Nacida en Argentina, a los veinticinco años decidió irse a vivir a España y explorar el llamado de su corazón hacia aquellas tierras del hemisferio norte. Este hecho le llevó a cultivarse en su silencio interior realizando asiduos retiros espirituales en la naturaleza. Allí también se formó como escritora. De regreso a Argentina en el 2013 dedicó su saber interior a escribir parte de su camino y experiencias profundas que vivió. En su primer libro El Despertar, el comienzo de Origen Estelar narra algunas de ellas. Es coautora junto a Anael del libro Mahindra, La Luz de Las Jerarquías. Próximamente saldrá su tercer libro Colinas Eternas, pensamientos y reflexiones. Actualmente reside en Mar del Plata, Argentina. Elder Lavergne es Cofundadora de Origen Estelar y Editorial Origen Estelar, es Directora de contenidos de este Magazine. Imparte seminarios y talleres de filosofía cósmica, acompañando al individuo en su camino de autoconocimiento.

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