El árbol que tapa el bosque

Leer y reflexionar

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Para arrancar esta nueva semana les proponemos leer este hermoso e inspirador escrito que nos ofrece Brenda di Yorio, nutricionista de Mar del Plata. Las enseñanzas de la Naturaleza, los árboles maestros y la propia vida, se funden en estas palabras.

A pocas horas de comenzado el año me encuentro sentada a la sombra del árbol y más precisamente frente a él. Lo observo detenidamente. Es un eucalipto y hasta parece muerto, según dijeron algunos de los que vinieron a casa. Sí, es un árbol viejo y mal talado, por eso esta desproporcionado. Tiene un gran tronco y una pobre copa que amablemente me regala su sombra en éste momento. Le salen por todos lados ramas nuevas, verdes, con bastantes hojas. Las de más arriba se mueven suavemente por el viento. En sus ramas cortadas suelen pararse los pájaros.

Desde acá le veo dos marcas, como de hachazos que no pudieron con él. Su corteza resquebrajada parece desprenderse sola dibujando surcos, como el mapa físico de un país que muestra sus ríos. Sus raíces han levantado un poco el terreno a su alrededor, pero no se ven.

Éste árbol estuvo acá mucho antes que alguien viviera en éste bosque. Sus grandes ramas, hoy truncas, debieron albergar a miles de pájaros que quizás hoy ya no visitan esta zona. Habrá crecido rodeado de otros árboles vecinos, y no de casas. Lo miro con gratitud por haber resistido tantos años, tantas marcas, tantos vientos y tormentas. Lo admiro por su tenacidad de seguir ahí fuerte y vital, resiliente.

Con los pies en la tierra puedo sentir sus raíces por debajo de mi silla. Él no se cuestiona si tendría que estar en otro lado. Sabe que su lugar es éste, y le enseña a mi mente inquieta que éste es el mejor lugar donde él y yo podemos estar para encontrar la paz.

Sus grietas me recuerdan que el paso del tiempo nos marca la piel pero no el alma. Por fuera se puede ver y parecer seco, pero por dentro corre una savia espesa y nutritiva que aún quiere seguir dando vida. Sus dos marcas fallidas me conmueven por ser muestras de fortaleza. Yo también tengo dos cicatrices paralelas que me enorgullecen por ser el signo visible de haber ido detrás de un sueño. Y me hicieron más grande.

Sus nudos son como viejos dolores, parecen callos ya curados que se dejan ver. Cuanto más lo miro, más me gusta. Más me hace pensar en tantas personas que siguen de pie y en la lucha. Más me identifico con él. Su presencia es en sí misma una revolución, un símbolo de que la vida se impone. No importa lo muerta que pueda parecer, la vida le gana al desgano y la desidia, al dolor y a la melancolía. Sus hojas perfumadas me susurran «acá estoy, vivo».

Un simple árbol me transmite tanta sabiduría. Atrás se ve el bosque. Y es verdad que si miramos el árbol nos perdemos del todo, del conjunto, del paisaje pero yo diría que con sólo mirar el árbol podemos conocer la magia de todo un bosque.

Brenda di Yorio (Mar del Plata, Argentina)
Es licenciada en nutrición desde hace 18 años y con orientación ayurveda hace 6 años.
Nació en Buenos Aires en 1974, vive en La Feliz hace 33 años.

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