El constructor del futuro

Diseño y arquitectura

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Hay personas que dedicaron su vida a buscar un futuro más armonioso para las sociedades humanas. Una de estas fue el diseñador Richard Buckminster Fuller, con una mente privilegiada, que se centró en buscar soluciones en la arquitectura, el transporte o el cuidado del medio ambiente. Con una vida signada de premios y reconocimientos por su labor, hoy nos sumergiremos en la vida de este estudioso de la geometría y de la estructura del Universo. ¿Quién fue realmente Richard B. Fuller?

Ya desde que era un niño, Fuller dio muestras de un gran interés por construir y diseñar objetos de todo tipo. Nacido en 1895 en el estado de Maine, en el seno de una familia acomodada, vivía cerca de los bosques que cubren la mayor de esa región, donde obtenía todo tipo de materiales para construir. Estudió en Massachussets e ingresó en la prestigiosa Universidad de Harvard, pero fue expulsado dos veces y no logró recibirse. Trabajó en varios lugares, participó en la Primera Guerra Mundial, pero no lograba encontrar aquello que lo satisfacía y sus negocios fracasaron. La muerte de su primera hija supuso un acontecimiento devastador, llegando a plantearse el suicidio. Fue entonces cuando decidió dedicar su vida a la invención y la innovación, buscando soluciones a problemas cotidianos. Comenzó a trabajar en diversas universidades como docente, planteando numerosos proyectos y planes para mejorar la construcción, el transporte, la educación o la gestión de los recursos. Recibió numerosos premios y el reconocimiento del gobierno de EEUU, convirtiéndose en un auténtico visionario y una voz privilegiada en el diseño, una figura visionaria que vislumbró soluciones para problemáticas no solo del siglo XX, sino también del siglo XXI y la actualidad.

Pero, ¿cuáles fueron sus aportaciones a la Humanidad? Fuller ha sido criticado por la escasa concreción de sus muchas ideas. Su invención más famosa fue la cúpula geodésica, estructuras de múltiples caras geométricas, que suponen una forma constructiva sencilla, resistente y que genera un amplio espacio en su interior. Construyó la primera en 1949, provocando gran entusiasmo por su idea, siendo replicada en cualquier época posterior o lugar del mundo. Fuller recibió la patente de su invento, además de numerosos reconocimientos por este diseño, que será, por ejemplo, el de los refugios humanos que se construyan en la Luna o en Marte, lo que demuestra el gran valor de este genial diseño. Poco a poco las ideas de este visionario se fueron volviendo más atrevidas, con estructuras gigantescas que cubrirían los cielos de Manhattan, torres imposibles o extrañas casas con formas circulares. Arquitectos y diseñadores de épocas posteriores embebieron de sus ideas, marcando la dirección de la arquitectura de finales del siglo XX y principios del XXI. Fuller se adelantó a su época, buscando sustentabilidad, nuevas geometrías y sobre todo eficiencia, diseñando por ejemplo, un edificio capaz de renovar el aire en pocos minutos, algo muy útil en esta época de virus en el aire. Se preocupó por el medio ambiente, en una época en la que el término contaminación no era corriente, apoyando el reciclaje, la reutilización de materiales y la eficiencia energética. Vaticinó que en un futuro reciente, los recursos comenzarían a escasear, defendiendo a la tecnología como la mejor forma de evitar el colapso.

El torrente de ideas de esta mente privilegiada nunca se detuvo. El lenguaje común fue incapaz de darle las herramientas que necesitaba, por ello, comenzó a emplear nuevos términos, como es el caso de Dymaxion o efemeralización. Una de sus ideas más curiosas es el llamado Auto Dymaxion, con forma aerodinámica de lágrima y 3 ruedas, del cual se llegaron a fabricar 3 unidades. Con el paso de los años, Fuller se centró en el estudio de la geometría, a la cual le daba una importancia fundamental. Sus estudios se dirigieron a entender la estructura geométrica del mundo, resultado del cual fue el mapa Dymaxion, compuesto por tetraedros, que podía ser desplegado de formas diversas o convertido en un mapa bidimensional. Y del mundo, este visionario pasó a interesarse por la geometría del Universo, llegando a la conclusión a que este estaba compuesto por tetraedros. Sus estudios superaron al diseño o la arquitectura y se volvieron casi filosóficos, intentando desentrañar la estructura del cosmos. Mientras, continuó con sus conferencias y actos en todo el mundo, recibiendo en 1970 la Medalla de Oro del Instituto de Arquitectos de EEUU. Finalmente, desencarnó en 1983, dejando tras de sí un inmenso legado de ideas, diseños y una vida profusamente documentada en decenas de cuadernos y diarios. Pero sobre todo, abrió las puertas a solucionar mediante el ingenio y la tecnología las necesidades de las sociedades humanas del futuro.

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