Astronomía mesopotámica

Historia y cosmos

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Los mesopotámicos fueron uno de los primeros pueblos de la Historia en estudiar los cielos e intentar desentrañar sus secretos. Vincularon el movimiento de los astros a los acontecimientos cotidianos, como una forma de los dioses de manifestarse en la vida de los mortales. Estudiaron a Venus, las Pléyades o la Luna, fijaron calendarios e idearon complejos algoritmos. ¿Qué sabemos de esta ciencia tan antigua? Para ello debemos viajar a Babilonia, los templos y bibliotecas y a las tablillas de arcilla donde los sumerios anotaron sus descubrimientos.

Mesopotamia fue durante largo tiempo el principal faro de la sabiduría del mundo antiguo, tomando los griegos muchos elementos de esta cultura. Asirios, caldeos, acadios, babilonios, los reinos se sucedieron uno tras otros, en incontables reinos e imperios que se imponían sucesivamente. Pero, esta crónica inestabilidad política no impidió que templos, bibliotecas y zigurats funcionaran de forma constante, con multitud de sabios y eruditos que escudriñaban los cielos buscando respuestas o conocer los designios de los caprichosos dioses. Los diversos pueblos mesopotámicos fueron los primeros astrónomos, con registros del año 2.000 antes de Cristo cuando de forma rudimentaria se empezó a registrar en tablillas de barro los movimientos de los astros. Es el caso del Enuma Anu Enlil, un extenso repertorio de textos de diferentes épocas, donde se anotaban los comportamientos del Sol y la Luna, estrellas, los eclipses, los halos solares,… Se comienzan en ese entonces a descubrir los planetas y a darles nombres, así también como registrar sus comportamientos y movimientos, prestando una gran atención a Venus. Y también a los fenómenos meteorológicos, determinando las fechas de siembra y de cosecha, así como las fiestas.

Será con los caldeos cuando la astronomía mesopotámica alcanza su cenit. Los caldeos fueron un pueblo que se instaló en Mesopotamia entre el 620 y el 530 antes de Cristo, llevando a su capital Babilonia a uno de sus momentos de mayor esplendor, construyendo por ejemplo los célebres Jardines Colgantes, durante el reinado de Nabucodonosor II. Los propios reyes fueron en muchos casos eruditos que potenciaron y estimularon el estudio de los cielos. Es en esa época cuando se realiza una auténtica investigación científica del firmamento, empleando cifras y cálculos numéricos estrictamente empíricos. Se redactaron extensos registros de los movimientos estelares, eclipses, el Sol o la Luna, en las llamadas Efemérides. Descubrieron la periodicidad de los eclipses y crearon sofisticados calendarios lunares y solares. Idearon un Universo con forma de huevo, con el mundo celeste, el disco donde habitaban los humanos y debajo el inframundo. El Sol, la Luna y las estrellas consideraban que eran fijos y estaban engarzados en la bóveda celeste, el hogar de los dioses, creado por el dios supremo, Marduk, al derrotar a Tiamat, el caos primordial. Consideraban que las divinidades se comunicaban con los humanos o daban pistas sobre su misterioso accionar con el movimiento de los astros. Por ello, también se desarrolló mucho la adivinación, la astrología y el horóscopo, vinculando eventos cotidianos con los movimientos estelares.

Otro elemento es la fuerte vinculación entre este conocimiento astrológico y la medicina. Así interrelacionaron cada signo del horóscopo con un órgano del cuerpo, considerando que cada signo lo gobierna, potenciando o reduciendo ciertas afecciones. Consideraban que había astros maléficos y otros benéficos. Le daban también una gran importancia a los calendarios, para poder determinar con precisión las épocas de siembra y de cosecha, así como el Fin de Año, cuando se celebraban las principales festividades religiosas. Para ello, estudiaron los ciclos lunares y solares, añadiendo o descontando días a los calendarios. Llegaron a idear un algoritmo que explicase todos los movimientos del cosmos y permitiera predecir cada conjunción. Esta avanzada astronomía luego tuvo sus repercusiones en otras culturas de la Antigüedad, como la india o la griega, sobre todo en Ptolomeo, o incluso en la persa y la árabe que se desarrollará durante la Edad Media. Es por ello que los mesopotámicos fueron grandes estudiosos de los cielos, intentando explicar con sus movimientos y cuadraturas los acontecimientos terrenales o encontrar respuestas a la hechura del mundo. Existía el mito de que el dios Uanna emergió de las aguas y fue el que les enseño los secretos de la astronomía. Sea como sea, todo este minucioso estudio del cosmos supuso un gran precedente para el estudio científico, considerando muchos que se trata de la primera revolución científica de la Historia.

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