Místicos de Grecia: Orfismo

Filosofía

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Si pensamos en la Antigua Grecia y sus cultos, nos solemos imaginar esos grandes templos y al panteón olímpico, con sus caprichosos dioses y diosas. Sin embargo, en Grecia también hubo corrientes mistéricas, a las que solo podían acceder determinadas personas, atravesando complejos ritos de iniciación. Hablamos del Orfismo, un culto que tuvo una importancia fundamental en la Antigüedad y que influirá en el pensamiento occidental posterior. ¿Qué sabemos de esta enigmática tradición?

Orfeo fue una figura muy importante de la mitología griega. Hijo de inmortales, su dominio de la lira era prodigioso, ablandando con ella a dioses y animales. Maestro de la música y del canto, inventor de la cítara, se enamoró de la bella Eurídice, quién falleció trágicamente al ser mordida por una serpiente. Orfeo terriblemente apenado, descendió al Inframundo, donde hizo gala de sus dotes: adormeció al terrible Can Cerbero, paralizó los tormentos del Infierno e incluso logró ablandar al mismísimo Hades, el rey de los muertos. Obtuvo permiso para rescatar a su amada, pero con la condición de que no se diera vuelta para mirarla hasta haber salido del Inframundo y así hizo. Pero, en el último momento, temiendo que todo fuera un engaño, se giró y miró a Eurídice que lo seguía, perdiéndola para siempre. Orfeo, retornó a la superficie, donde se cuenta que murió tiempo después. Pero, la mitología obvia muchos puntos importantes, ya que parece que la figura de este héroe logró muchas otras cosas, siendo un adelantado para su época. Impulsó ritos de purificación, estudió la magia, convirtiéndose en augur y profeta, y sobre todo estudió los astros y las estrellas, observando sus movimientos. Fue sin duda alguna, una figura prominente, un sabio y erudito de su tiempo que marcó el inicio de una corriente religiosa y filosófica.

Parece que las corrientes órficas tuvieron su origen hacia el siglo IV antes de Cristo y se fue extendiendo por toda la Península de Grecia. Tenia sobre todo un componente sectario, al contrario del carácter masivo de los misterios de Eleusis. Los órficos practicaban un modo de vida asceta y mendicante, peregrinando a través de campos y ciudades helénicos, predicando sus máximas de comportamientos y sobre todo de la purificación del alma. Matar a otra persona o a cualquier animal estaba prohibido, así como mantener relaciones sexuales o usar vestidos sencillos que no fueran de lino. Tenían toda una extensa tradición de libros y textos que recogían sus principios y la sabiduría de su creencia, los textos órficos, donde se recogían mitos, himnos sagrados y fórmulas mágicas. Algunos de estos se remontaban al siglo IV antes de Cristo, atribuidos al mismo Orfeo, que se usaban como iniciación. Los orfistas creían en la reencarnación y en la inmortalidad del alma, que se alcanzaba mediante un camino de purificación que debían practicar a lo largo de su vida, purgando la culpa que sufre el ser humano. Al morir, el alma abandonaba su prisión corporal y se reincorporaba al mundo inmortal y etéreo al cual pertenece. El fallecido poseía toda una serie de instrucciones y códigos que se plasmaban en las célebres laminas órficas doradas, que debía memorizar y cumplir al acceder al Más Allá.

Esta doble concepción del ser humano, alma y cuerpo, marcó la filosofía y la religión de los siglos posteriores. Los órficos hablaban de la esfera dionisíaca (alma, inmortal) y la titánica (cuerpo, mortal), que provoca la división del ser humano y explicaba su origen y naturaleza sufriente. Esto se explicaba a través de un mito, en el que el joven Dionisio, hijo de Zeus, fue engañado y capturado por los titanes, siendo asesinado. Al descubrir el crimen, Zeus fulminó con su rayo a los titanes, recuperando el corazón de su hijo y devolviéndole la vida. De las cenizas de los titanes nacieron los seres humanos, de ahí el origen de su doble naturaleza. Si embargo, ello los obliga también a liberarse de esa culpa que los acompaña desde su aparición en la Tierra, que deben lograr mediante el largo proceso de purificación en vida. Así, llevando una vida asceta y sin derramamiento de sangre, el alma logrará purificarse y retornará al mundo divino al cual pertenece. Estas creencias tendrán grandes influencias en tradiciones posteriores como la cristiana o en la filosofía, de la mano de Platón o Aristóteles, que nos habla de la concepción dual del ser humano, algo que se repetirá una y otra vez a lo largo de los siglos. Por todo ello, el orfismo nos marca el inicio de una nueva etapa en el pensamiento humano, el paso entre el mito y el origen de la filosofía.

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