La Mesa de Salomón ¿mito o realidad?

Historia curiosa

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Entre los muchos tesoros que guardaba el Templo de Salomón destacaba lo que se conoció como Mesa del Poder. A este singular objeto se le atribuían poderes celestiales y divinos, fue saqueado y llevado de un lugar a otro hasta finalmente perderse en los avatares del tiempo. ¿Existió realmente esta codiciada Mesa? ¿Qué virtudes se le atribuían? ¿Dónde se cree que puede estar?

Saqueo del Templo de Salomón por los romanos

En el año 410, la orgullosa e invicta Roma fue invadida y saqueada. La capital de lo que se consideraba el «mundo civilizado» fue víctima del pillaje de las hordas germanas, los godos. Aquel acontecimiento marcó el declive final del Imperio Romano de Occidente, un shock para la Europa de la época. Las tropas al mando de Alarico entraron por las puertas y arrasaron los tesoros de la Ciudad Eterna, entre los cuales se menciona a una ancestral y mágica mesa, que fue transportada clandestinamente a Tolosa y luego a Toledo. ¿Qué era esta misteriosa tabula que fue llevada con el mayor recaudo posible fuera de Roma? Hablamos de la que se conoció como Mesa de Poder o de Salomón, un objeto revestido de metales preciosos (oro y plata) y con gemas incrustadas (seguramente esmeraldas), un elemento místico y con un poder casi celestial. En la Biblia se nos cuenta que el rey Salomón, por mandato divino, erigió en Jerusalén un Templo para mostrar el poder de Yahvé. Dentro de él se depositaron los tesoros judíos, entre los cuales están el Santo Grial o el Arca de la Alianza, resguardados en el sancta sanctorum del Templo, adonde sólo accedía el sumo sacerdote con su discípulo. En esta sala sagrada también se encontraba la Mesa.

¿De donde procedía el poder y el halo místico de este objeto? Se dice que en esta Mesa estaba grabado el nombre de Dios, el verbo y la palabra fundamental que contenía la esencia del cosmos, que los judíos llamaban Shem Shemaforah. Con el conocimiento de este grabado se podía acceder a la totalidad del mundo, y a entablar una comunicación directa con Dios. Su creación se atribuye al rey Salomón, pero tal vez ya fuera fabricada con anterioridad, ya que es mencionada en el Éxodo de la Biblia, cuando Dios ordenó a Moises que la construyera. Esta Mesa, que algunos consideraron también un Espejo, permaneció en Jerusalén hasta la invasión de los romanos, cuando fue robada y llevada a Roma, alojada en templos y palacios imperiales. Los romanos le atribuyeron poderes especiales y la mantuvieron a buen recaudo durante siglos. Pero, cuando se produjo el brutal saqueo de Roma en el 410, es trasladada a Tolosa y luego a Toledo, en la actual España. Con la llegada de los musulmanes en el 711, se pierde la pista de esta fabulosa Mesa, con diferentes fuentes árabes que se contradicen. Diferentes teorías apuntan a que permaneció escondida en catacumbas de Toledo o que fue llevada en secreto al norte de España o incluso hasta Francia. Pero, lo cierto es que nada certero se volvió a saber de ella.

Catacumbas de Toledo

Su misteriosa desaparición no hizo más que aumentar el mito en torno a la Mesa, vinculada a los templarios y herméticos medievales. Considerado un objeto de poder y comunicación divina, fue buscado incansablemente por sociedades secretas e incluso por los nazis. Muchos consideran que realmente no fue un objeto físico sino la cristalización de un concepto, en este caso la palabra que engloba a la divinidad. Se trata de otro mito inalcanzable, como el Santo Grial o el Arca de la Alianza. El hecho de que estuviera formada de esmeraldas ha hecho que diversos investigadores e historiadores emparenten a la Mesa de Salomón con la Tabla Esmeralda de Hermes Trismegistro. Este místico objeto nos recuerda una vez más el poder y la magia que se esconde en la palabra, algo que ya los egipcios conocían muy bien, cuando empleaban fórmulas mágicas para «activar» con la palabra pirámides o hipogeos. Los griegos consideraban que nada existe, hasta que se lo nombra con la voz. La palabra tiene en sí la potencia de la creación y de la transformación, generando cambios en la materia y en la energía. Algo que los místicos y cabalístas judíos sabían muy bien y lo aplicaron a este sacrosanto objeto dorado, este famoso Espejo o Mesa de Salomón. Su existencia tal vez nunca llegue a ser aclarada, pero su enseñanza sobre el poder inmanente de la palabra es inmortal.

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