El secreto de la conciencia humana

Ciencia y ser humano

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Muchas veces nos hemos preguntado ¿qué es la conciencia? ¿podemos localizarla físicamente? La ciencia intenta acercarse a la respuesta a estos interrogantes, tan antiguos como el propio ser humano. La respuesta podría estar en la estructura de las neuronas de nuestro cerebro, como nos proponen algunos científicos e investigadores. Para desentrañar este misterio debemos internarnos en el mundo de las células y también en lo que nos propone la filosofía cósmica.

En pleno siglo XVII, el investigador y biólogo inglés Robert Hooke habló por primera vez de la partícula que compone todo ser vivo. Al observar un trozo de corcho con un rudimentario microscopio, pudo hallar pequeñas celdillas muertas que componían la estructura del corcho. Utilizando la expresión latina, llamó a estas fundaciones de la materia, células (cellulae, celdas) y lo publicó en su revelador libro Micrographía. Aquel fue el ya lejano descubrimiento de las células, la unidad de vida más pequeña que existe, que estructura a todo ser viviente. En los siguientes siglos se fue desentrañando la estructura celular, sus orgánulos y funciones, hasta llegar a vislumbrar el ADN, el manual de instrucciones del desarrollo y funcionamiento de todo ser vivo. Se halló que las células se alimentan, reproducen y cumplen funciones de gran complejidad, como pequeñas entidades que trabajan las 24 hs para mantener todo el engranaje en funcionamiento. Dando un paso más,  Origen Estelar nos descubre también la estrecha vinculación de las células con el cosmos, replicando su estructura tripartita (Triuniverso) en sus 3 principales componentes (núcleo, citoplasma y membrana celular).

Una de las células más relevantes y también complejas de nuestro organismo son las neuronas. Estas células cerebrales son aún una incógnita en muchos aspectos y su complejidad radica en la propia  de nuestro cerebro. Extremadamente sensibles, reciben, procesan y transmiten impulsos eléctricos, conformando una red distribuidora por todo nuestro cerebro. Descubrir el funcionamiento completo de estas complicadas neuronas es aún una tarea inacabada por la ciencia, pero poco a poco se van dando nuevos pasos. En los años 90 del siglo XX, los científicos Penrose y Hameroff propusieron una revolucionaria teoría, aventurando una respuesta a uno de esos interrogantes que han atenazado al ser humano desde hace milenios: ¿existe la conciencia? Para estos dos investigadores la conciencia se origina a partir del comportamiento cuántico de estas neuronas, en sus microtúbulos. Estos últimos son componentes del citoesqueleto de cualquier célula, el armazón que mantiene la estructura celular. Por ello, estos microtúbulos celulares, actuarían en cadena, a partir de estímulos exteriores, originando la conciencia humana de si mismo y conocer lo que nos rodea. Diversos estudios parecen confirmar cada vez más esta posibilidad, como la investigación que se hizo sobre la actividad de la anestesia sobre los microtúbulos o sobre la certeza de la actividad cuántica de las células cerebrales.

Conocer el origen de la conciencia o su lugar físico es un antiguo anhelo de la ciencia. En este punto entramos en el límite entre lo material y lo que hay más allá. Los filósofos discutieron largo tiempo sobre la naturaleza de la conciencia humana, desde Aristóteles a Hegel, hablando de la racionalidad del hombre y su estructura dual (material y espiritual). Pero, ¿podemos desde la visión material explicar lo inmaterial? ¿existe la conciencia en algo material o esta más allá de lo visible y cuantificable? El espíritu, el alma, la conciencia de uno, conforman un amplio espectro de ámbitos que se refieren al insondable mundo interior del ser humano, ese que todos conocemos y hemos ido construyendo a lo largo de nuestras vidas. Como nos explica Anael, autora del libro de «La Raza 33, un puente sagrado», nuestro cerebro es una herramienta fundamental, una computadora potentísima, pero no es más que un elemento perteneciente a esta Tercera Dimensión. Muchas veces nuestro cerebro reacciona de forma anticuada al mundo exterior, repitiendo fórmulas de otras épocas, con temores, patrones obsoletos y repetitivos o emociones desatadas. Es por ello, que debemos superar este cerebro físico y acceder a lo que está más allá: el campo supraneuronal, un campo energético que nos vincula al cosmos y a la sabiduría original de cada ser. De esta forma, podremos superar las limitaciones de nuestra mente estructurada y ascender al verdadero conocimiento de la mente humana.

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