Bön, magia y religión en Tíbet

Religiones milenarias

0 1.187

Con sus imponentes montañas nevadas, remotos templos y estrechos valles, el Tíbet no deja de asombrarnos por su cultura milenaria. Cuando hablamos de este lugar no podemos evitar mencionar al dalai lama y el budismo, el culto que parece monopolizar la vida cotidiana de sus gentes. Sin embargo, existía una religión anterior a todo esto, ancestral y mucho más antiguo: el animismo tibetano o bönismo, que todavía sigue vivo en muchas zonas y valles remotos. ¿Qué sabemos de esta antiquísima religión?

El origen se pierde en los albores de la Humanidad, su nacimiento parece que tuvo lugar en la zona más occidental del Tibet o en las cercanas cordilleras afganas. Vinculado al chamanismo más primitivo de Asia Central, este culto fue creciendo con el paso de los siglos, asentándose profundamente entre las tribus tibetanas, venerándose por igual en las clases dirigentes y el campesinado. Entre los siglos VII y VIII después de Cristo, llegó a esta región el budismo indio, de la mano de los primeros predicadores, desatándose una conflictiva relación entre los recién llegados y los que ya estaban antes. El bönismo fue perseguido y proscrito, pero el contacto entre ambas religiones fue intensa, mezclándose y asimilándose de tal forma que hoy en día es difícil la separación entre ambas. El budismo tibetano bebió de muchos elementos del bönismo, como son las características banderolas de colores de las pagodas, las típicas montañas de piedras en los valles y muchas tradiciones filosóficas y culturales. Hoy en día perdura en las regiones más remotas de la meseta tibetana, en pequeños pueblos y alejados santuarios, resistiendo el paso de los siglos. 

Pero, ¿en qué se basa este animismo ancestral? El bönismo y sus seguidores (llamados bonpos) creen en un extenso panteón de dioses y espíritus, muchos de los cuales personifican fuerzas de la Naturaleza. Tienen una especial relación con el cielo y el cosmos, siendo los reyes considerados manifestaciones de las divinidades de los cielos. Las estrellas y constelaciones son veneradas, así como las montañas, consideradas como dioses y seres animados, junto con los espíritus de las aguas o los bosques. Los bonpos consideran que hay que alinear nuestra existencia a la Naturaleza, adaptarse a sus ciclos y vivir en armonía con ella, estrechando los lazos entre el micro y el macrocosmos. Tienen una concepción tripartita de la realidad, con un mundo celestial, uno intermedio donde habitan los seres humanos con seres divinos y el subterráneo, donde viven espíritus llamados nagas. Como todos los cultos de esta región, el bonismo le da una especial importancia a la magia, la adivinación y a diversas tradiciones para ganarse el favor de las potencias divinas, como los rituales de ofrecimiento de estatuas de mantequilla para agradar a los espíritus, entre otras.  Entre sus lugares más sagrados está la montaña de Kailash, donde otras religiones como el budismo y el hinduismo también realizan sus ritos.

Pero más allá de las tradiciones más populares, el bönismo ha tenido un extenso desarrollo filosófico y una gran abundancia de textos. En este sentido es muy importante la mítica figura de Tonpa Shenrab, un príncipe que se apartó del poder y la riqueza para vivir monásticamente, instaurando las bases del animismo tibetano. Se lo considera creador del Cánon Bön, unos 200 libros con las bases de su filosofía, sabiduría, los Tantras y Sutras. En ellos se menciona el objetivo final de esta religión: el concepto de la «Gran Perfección» o dzogchen, es decir, el estado natural de la persona. Esto hace referencia al retorno a la esencia más originaria del ser humano, desechando la dualidad o los conceptos que nos aprisionan y nos impiden acercarnos a la Divinidad. Para llegar a este estado ideal, el bönismo propone diferentes técnicas de meditación y movimiento, conectando con nuestra naturaleza y sutilizando nuestro ser, volviendo al estado natural de nuestra mente que no es otra cosa que pura luz y sabiduría. De esta forma podremos acceder al equilibrio, revitalizándonos y entrando en la perfección. Como curiosidad, podemos mencionar también el hecho de que este culto, como tantos otros de Asia, utiliza el símbolo de la esvástica, que representa lo absoluto y lo inmutable. Todo ello nos muestra la profundidad y complejidad de esta ancestral religión, hoy presente no solo en remotos valles montañeses sino también en el tan popular budismo tibetano.

EN EBOOK - PINCHA LA FOTO

You might also like More from author

Comments

Loading...