El Leonardo da Vinci de la Antigüedad

Cultura y saber

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A pocos les sonará el nombre de Eratóstenes, pero este genio de la Antiguedad fue uno de los grandes sabios de su época. Pionero en estudiar la geografía de nuestro orbe y en aportar herramientas fundamentales en el entendimiento de nuestro Universo, su privilegiada mente y su sabiduría lo han convertido en uno de los intelectuales más valorados de su tiempo. ¿Quién fue este norteafricano llamado el «Alfa» por sus colegas de la Biblioteca de Alejandría?

Ruinas de Cirene (Libia)

Lo que hoy es la sufrida Libia, fue en época clásica una rica región con populosas ciudades. Entre estas, destacaba la urbe de Cirene, núcleo comercial y sobre todo intelectual, donde surgieron y enseñaban importantes sabios y eruditos, bajo el influjo de la cercana capital cultural del mundo antiguo, Alejandría. En este lugar nació una corriente filosófica, llamada cirenaica, que propugnaba el hedonismo como forma de entender la vida, primando los placeres y el escepticismo. En esta ciudad abierta y progresista donde nació Eratóstenes, quien pronto entró en contacto con prominentes figuras de la ciudad como el gramático Lisanias o el erudito Calímaco. Su inteligencia y capacidad lo hicieron destacar y se trasladó a Atenas, en Grecia. Pero su destino final no podía ser otro que Alejandría y su prestigiosa Biblioteca, de la cual se convirtió en bibliotecario jefe por orden del soberano de Egipto, Ptolomeo III, quién también le convirtió en maestro de sus hijos. Vivió largos años, dedicado a cultivar el saber y sobre todo a estudiar las estrellas y el mundo, muriendo con más de 80 años, algo poco frecuente en la época. Durante 40 años estuvo al frente de la Biblioteca, siendo un gran impulsor del conocimiento científico, una etapa considerada de gran brillantez para la institución.

Eratóstenes era considerado uno de los mayores sabios de su época, interesado en múltiples ramas del saber, un polímata con una mente privilegiada. Escribió sobre filosofía, matemáticas, gramática o incluso música y poesía. Fascinado por los números, los estudió en profundidad, redactó un extenso compendio de hechos cronológicos, escribió una biografía del poeta Homero y desarrolló varias obras poéticas y sobre filosofía moral. Ideó un algoritmo capaz de obtener los números primos de cualquier cifra (criba de Eratóstenes) y escribió varios tratados sobre trigonometría y geometría. Pero este erudito es conocido sobre todo por sus aportes a la geografía, siendo el primero que aplicó las matemáticas a este campo. Empleando la trigonometría, fue el primero en intentar medir la circunferencia de la Tierra, demostrando ya entonces que el mundo era redondo. Tiempo después, fue el trabajo de Eratóstenes el que utilizó Cristobal Colón para explicar a los Reyes Católicos su providencial viaje hacia el Oeste buscando las Indias. Cartografió el mundo conocido, estableciendo la división en meridianos y paralelos, climas, ciudades y regiones polares. Fue el primero en descartar los mitos de Ulises o Aquiles para elaborar los mapas, considerándolos simples poemas, empleando fuentes más apropiadas como los registros de las campañas de Alejandro Magno, entre otros. Es considerado, por ello, el primer geógrafo propiamente dicho.

Además de intentar desentrañar la hechura del mundo, Eratóstenes también se fijó en el misterioso cosmos. Filósofos y eruditos se afanaban en desentrañar los secretos de las estrellas y astros, ideando explicaciones en el que entraban el éter y los dioses. El sabio de Cirene empleó, como no podía ser de otro modo, las matemáticas para analizar los cielos y así fijó las distancias a la Luna o el Sol y estableció sus diámetros. La distancia que calculó entre nuestro planeta y el Sol es muy cercana a la real, lo que demuestra el talento de este genio de la Antigüedad, en una época en la que no existían ni siquiera los telescopios. Además, escrutó los cielos y elaboró uno de los primeros compendios de astronomía, clasificando más de 600 estrellas y numerosas constelaciones. Otra de sus grandes aportaciones fue la esfera armilar, un instrumento que se empleó hasta el siglo XVII para calcular las posiciones de objetos celestes y también para identificar puntos de ubicación desde cualquier parte del planeta. Este objeto fue fundamental para la navegación, siglos después, durante la época de los Descubrimientos. Todo ello nos muestra la brillantez de este erudito norteafricano, poco conocido en la actualidad, pero que nos aportó herramientas imprescindibles para entender mejor el cosmos y nuestro mundo.

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