La pirámide de Japón

Cultura y arte

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Situado en el centro del país del Sol Naciente, el Monte Fuji tiene una especial e intensa vinculación con la cultura japonesa. Montaña sagrada, a su alrededor se han desarrollado todo tipo de mitos y leyendas, siendo punto de peregrinación así como lugar ancestral que simboliza a Japón. ¿Qué influjo tiene esta montaña en los habitantes del país? ¿Por qué es tan reverenciado? Su especial belleza y su aura mística han hecho también que sea una parte clave de la pintura o la escritura nipona.

El archipiélago japonés está compuesto por más de 6.000 islas, todas alineadas en forma de arco frente a las costas de Corea y Rusia. Es un país principalmente montañoso, con escaso terreno llano donde se concentran las grandes ciudades y las zonas cultivables. El resto del territorio está compuesto por una larga cordillera, los llamados Alpes Japoneses, originada por la intensa actividad del interior de la Tierra, ya que aquí se juntan dos placas tectónicas. Estas elevaciones están cubiertas de extensos bosques y es donde nacen los caudalosos ríos, conformado regiones interiores poco pobladas y representadas por los típicos templos sintoístas y budistas, así como sus puertas o torii, lugares de reposo y reflexión. Las cumbres de esta cordillera no suelen ser demasiado altas, exceptuando el Monte Fuji, la principal elevación del país.  Se trata de un volcán dormido, cuya última erupción tuvo lugar en el siglo XVIII. Este monte con forma piramidal preside el centro de Japón, pudiendo ser vista desde Tokyo y su influjo ha marcado la cultura nipona desde su mismo origen, rodeándolo de misticismo, leyendas y todo tipo de mitos. 

Una de las leyendas de esta montaña sagrada, se refiera a una princesa lunar ambicionada por un monarca. Al anunciar que retornaría a la Luna, la princesa obsequió al rey con un elixir de inmortalidad, pero él, desesperado por recuperar a la princesa, subió al Fuji y desde allí prendió fuego al elixir. Este fuego nunca se apagó, lo que explica las contantes humaredas del pico. El monte Fuji es reverenciado por las dos grandes religiones japonesas, el budismo y el sintoísmo, el culto más antiguo que venera a las fuerzas de la Naturaleza y a las divinidades de los elementos. Para el budismo es símbolo de rectitud y armonía, sinónimo de una vida iluminada; mientras que para el sintoísmo es hogar de algunas de sus divinidades más importantes, de forma semejante al monte Olimpo griego. Ello explica que en sus faldas haya diversos templos y santuarios de estos dos credos, así como grupos que directamente veneran al monte como si de una divinidad se tratase. El monte Fuji ha representado desde los albores de la Humanidad, el ascenso a la sabiduría de las divinidades, al camino hacia el cosmos y las enseñanzas de las estrellas, como si de una escalera de Jacob se tratase. No es de extrañar que en el propio pico haya un observatorio, instalado ya en 1932, así como una agencia meteorológica que predice los temidos tifones.

La cultura japonesa se ha caracterizado por su ancestral vinculación a la Naturaleza, algo que con el paso de los años y la intensa urbanización fue quedando algo desdibujado. Los frecuentes terremotos, tsunamis, un clima lluvioso y cambiante, convirtieron a los japoneses en personas conscientes de la potencia de los elementos, que también reverenciaban a estas fuerzas naturales imprevisibles. Y también, muy dados a admirar aquellos aspectos de mayor belleza, con una especial sensibilidad en este campo. La belleza del monte Fuji, con su estilizada forma triangular, su pico nevado, enamarcado por bosques verdes y un conjunto de lagos cristalinos, explica su influencia en el arte. Poemas, mandalas, cerámicas o pinturas han representado una y otra vez las características de esta pirámide natural, desde tiempos inmemoriales. Grandes artistas japoneses como Hokusai o Hiroshige, lo han retratado en grabados o xilografías en multitud de formas y de diferentes vistas. El monte Fuji ha sido uno de los motivos favoritos del arte ukiyo, siendo pintado o grabado en casas, teatros, palacios y todo tipo de edificios. Ello explica también, que este monte de irresistible belleza se haya convertido en símbolo de todo Japón, reverenciado desde el arte o la religión, con una estrecha vinculación al cosmos y ese cielo que intenta tocar. 

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