Películas imperdibles: Belleza Americana

Crítica social

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Año: 1999

Dirección: Sam Mendes

Reparto: Kevin Spacey, Annette Bening, Wes Bentley, Chris Cooper

Guión: Alan Bell

Música: Thomas Newman

Esta bella y ácida historia, dirigida por el gran Sam Mendes, fue una sonora bofetada al idolatrado «american way life». En medio de tantos filmes comerciales de los 90 que veneraban a la típica familia de clase media alta de EEUU, cánon del consumismo, de la estabilidad y la buena imagen, Belleza Americana criticó con agudeza e inteligencia todos y cada uno de los pilares de esta imagen engañosa. Estrenada en 1999, obtuvo nada menos que 5 premios Óscars que la laurearon y confirmaron como una de las mejores películas de la década. El filme es protagonizado por un brillante Kevin Spacey, papel con el que se alzó con un premio de la Academia, rodeado de un elenco excelente, destacando la histriónica interpretación de la gran Annete Bening, la oscuridad rayana con la locura de Chris Cooper o el interesantísimo papel de Wes Bentley, un idealista soñador y trágico. La narración se basa en la figura de Lester Burnham, el protagonista, un hombre con una aparente vida perfecta en un acomodado suburbio estadounidense, pero totalmente devastado por el tedio, la insatisfacción y la monotonía diaria. Su enamoramiento de una amiga de su hija hará detonar en él un renacer que lo llevará a buscar una nueva vida y hará implosionar la ficción de estabilidad de su familia y vecinos.

En el aspecto técnico hay que destacar la gran familiaridad de la producción, que nos coloca muy cerca de los personajes, con los cuales podemos identificarnos totalmente. Un guión interesante, que en un principio había sido planteado para teatro y que luego fue adaptado para la película, lleno de reflexiones, mensajes y conceptos atractivos. Es muy acertada la utilización del narrador, en este caso del protagonista, que nos acompaña en la película como quien observa un álbum de fotos. Hay que destacar la bellísima banda sonora, realizada por el siempre efectivo Thomas Newman, con toques urbanos, puntos frenéticos o de un melancólico piano. Planos cortos, miradas que expresan todo tipo de emociones, luces teatrales,… todo ello crea una película muy rica y llena de detalles. Algunas escenas son realmente hermosas en su sencillez, como por ejemplo la del vídeo de una bolsa volando al viento o las apariciones de la joven entre rosas en el techo de la habitación matrimonial y en una bañera. El pulso narrativo la hace muy interesante, mientras los personajes se ven sometidos a grandes tensiones, quebrándose y debatiéndose en sus dilemas mentales y morales, implosionando como bombas humanas. El director logra crear una historia bien articulada, intensa y a la vez muy emotiva, con un final vibrante e intenso que nos deja con ganas de más.

Belleza Americana hace una demoledora crítica hacia la imagen perfecta de la familia americana en todas sus facetas: el trabajo insatisfactorio, el matrimonio infeliz pero inevitable, el fugaz enamoramiento juvenil, las apariencias, el deseo de ascenso social,… Se trata de una sátira en toda regla hacia todas esas cárceles en las que nos encerramos al aceptar lo que no deseamos, hacia esa claudicación del ser humano frente a sus anhelos en virtud de un mandato social y unos dogmas establecidos.  La película hace un reconocimiento de aquellos que deciden no seguir al rebaño y buscan otras formas de vivir, aunque eso suponga no hacer lo que dicte la autoridad moral. Es cierto, que en algunos puntos, la trama de la película interpreta esa liberación como un libertinaje innecesario. Belleza Americana nos recuerda la importancia de cada vida humana, de cada existencia, de los aprendizajes y de las experiencias, la riqueza de la diversidad en el ser humano. Y sobre todo lo maravillosa de esta encarnación, en la que cuando lo deseemos podemos dar un golpe de timón a nuestra vida, sin importar el pasado o el futuro, en una explosión atómica tan potente como la de nuestro Sol. Nos rememora la belleza implícita en todo lo que nos rodea, en una persona que decide cambiar aquello que no le gusta, o en pequeñas cosas, como una bolsa flotando en el aire invernal.

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