Silencio en las ciudades ¿renacer natural?

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Las urbes y las actividades humanas se están tomando un prolongado descanso, algo inédito en la Historia. ¿Qué efectos está generando en el planeta este evento tan generalizado? Diversos estudios empiezan a mostrar diferentes consecuencias que demuestran hasta que punto el ser humano influye en el medio ambiente. Se trata de un escenario sin igual para estudiar cómo nuestro planeta escuela ha entrado en una nueva etapa de la mano de las circunstancias actuales. Esta situación también nos recuerda la importancia y total vigencia de la observación frente a lo que ocurre.

El ser humano en su camino de evolución como raza cósmica, todavía desconectado e ignorante de su esencia, ha alterado de forma absoluta su entorno, los ecosistemas, el aire y el agua, a lo largo de los siglos. Desde la Revolución Industrial, la contaminación, la deforestación, la extinción masiva de especies y otros muchos efectos nocivos han sido una constante de la relación del ser humano con su entorno. Durante los meses de Marzo y Abril de este año, el mundo entró en una nueva realidad, un nuevo estado de cosas que ha alterado lo que considerábamos la normalidad cotidiana, con las medidas tomadas por los diferentes Gobiernos en el mundo. Este escenario completamente inédito en la Historia Contemporánea supone un momento también clave para realizar estudios e investigaciones. ¿Qué consecuencias han tenido para el planeta estos cambios en el comportamiento humano?

Una de los primeros efectos ha sido una significativa reducción de la contaminación aérea en zonas críticas. Es el caso de China, con sus megalópolis e inmensas ciudades industriales, donde la acumulación de gases son un grave problema en las últimas décadas. Se ha reducido un 25% la emanación de contaminantes a la atmósfera, solo en el gigante asiático, a lo que hay que sumar efectos parecidos en el cordón industrial de Lombardía en Italia o en España. A estos cielos más limpios también contribuye la pausa completa en los aeropuertos o la fuerte reducción del tránsito habitual de automóviles en casi todas las grandes ciudades del globo, como en Buenos Aires donde la contaminación del aire se redujo en un 50%. Lo mismo se refleja en ríos y corrientes de agua, adonde se vuelcan muchos menos elementos nocivos, como se ha podido observar en los canales inusualmente limpios de Venecia, también debido a la paralización de las góndolas. O la fuerte caída en la contaminación acústica y las vibraciones, algo que han podido detectar los sismólogos. Las interferencias normales generadas por la actividad humana han desaparecido, lo que ha provocado una mejor detección de cualquier tipo de temblor.

El mundo animal también nota la reducción de la actividad humana. A las fotos de pavos reales, jabalíes o mapaches vagando por ciudades desiertas, hay que añadir la menor presión que notan los animales salvajes. En el aeropuerto del Prat, en Barcelona, se ha detectado un gran incremento de la presencia de aves, sobre todo cormoranes y gaviotas, atraídos por la cercanía de canales y pantanos con abundancia de alimento. Los científicos apuntan a la gran capacidad de adaptación del mundo animal a los cambios externos, pero posiblemente estos sean efímeros una vez que se retorne . Todo esto nos muestra que el planeta se está tomando un merecido descanso, una pausa que puede traer grandes beneficios. Así se nos plantea una gran paradoja. Mientras que la incertidumbre y el temor invaden al ser humano en sus jaulas mentales, el planeta y los demás reinos vivientes que nos acompañan viven un renacimiento. ¿Con cuál cara de la moneda queremos quedarnos? Esto también nos refuerza en nuestra posición como observadores; el acto de observar nos permite ver y vivir en esta realidad sin sufrirla, sabiendo que somos viajeros estelares.

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