Reflexionemos juntos

Editorial Anael

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Jamás ha sido tan importante como ahora el reflexionar. Reflexionar no significa esperar la opinión de los demás para emitir la propia, más bien es todo lo contrario. Reflexionar significa escuchar nuestra voz interior intentando no ser manipulado por nuestra racionalidad social. La sociedad lleva años convulsionando, años donde cada humano ha deseado un cambio, una transformación; años donde nuestros niños lloran o patalean por un acompañamiento a su medida; años donde la juventud deriva hacia caminos siniestros porque no son reconocidos, porque su inteligencia no está dentro del marco “social”; años donde los adultos suplican alguna solución y donde nuestros abuelos dicen “no me acuerdo” o no quiero acordarme.

El sistema social tomó las riendas de nuestra vida cuando nos convocaron a la era de la modernidad y todos aceptamos. Taparon a la naturaleza rodeándonos de cemento y muros cada vez más altos como lo son los edificios y rascacielos;  nos acercaron la comida, eso sí, industrializada, transgénica y adictiva; nos marcaron las reglas del juego, lo que es bueno y qué se tiene que sentir y por el contrario lo que es malo y cómo lo hemos de sufrir. Y así podría escribir una innumerable lista de descripciones de lo que realmente como humanidad, hemos ido absorbiendo o fundiendo en nuestras entrañas. Hemos construido una raza que está más coligada al cemento que al cielo, más al hierro que a la madera, más al humo que al viento, más al cerebro que al espíritu, más a la materia que lo que la creó. ¿Somos creadores o creados?

«Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás» Confucio

Reflexionar significa pensar o imaginar cómo queremos ser, vernos a nosotros mismos y observar en lo que nos hemos convertido, para después arrancar de nuestra piel esas máscaras, o al propio personaje. Quitarnos lo que debemos de ser para Ser sin más. Desvincularnos del cemento, del hierro muerto, limpiar nuestro humo y oxigenar nuestro cuerpo y mente; conectar con eso que no podemos ver, pero sí intuir. Hay que estar del lado de la vida, a sabiendas que todo está cambiando y que ese movimiento también forma parte de ti, de tus células, de tu sangre y de tu existencia. Hay que ser valientes y no esperar las instrucciones que nunca llegan, ni esperar al gurú para que nos dé la tranquilidad anhelada. Hay que construirse de nuevo, sacando brillo a lo que siempre hemos sido: sagrados, luz, inteligencia, conciencia cósmica, amor y pureza infinita. Porque aunque tú lo hayas olvidado, yo estoy aquí para recordártelo eternamente.

Les dejo un mensaje muy importante que Mahindra nos reveló hace poco tiempo para todos nosotros:

Cuando vuestras voces sean honestas y compasivas; cuando conecten con la fuente suprema que anida en vuestro interior; cuando brillen sin límites, entonces comenzarán a experimentar amparados por la realidad universal. Pero para ello, dejen de enfocar en lo que ven los ojos físicos, y de escuchar lo que los oídos interpretan. Dejen de corromper los pensamientos internos y suéltenlos. Soltar,… soltar lo que las sombras forman en vuestro interior y  después vuelvan a mirarnos de nuevo, pero no como estatuas, ni como carne, sino como parte de vuestro Ser. Porque todos son semillas nuestras. Y nuestra unión será lo que moldeará la nueva forma humana. 

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