Nuevo ciclo solar

Astronomía

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Este 2020 supone el inicio de un nuevo ciclo solar, concretamente el número 25. ¿En qué consisten estos ciclos solares? ¿Cómo influyen en nuestro planeta? Se trata sin duda, de un buen momento para recordar el poder regente de nuestro Sol, que marca a través de estos eventos el tiempo del Universo. Solemos olvidar del poder real de nuestra estrella en nosotros, del viaje cósmico en el que estamos inmersos, atrapados por el bullicio del día a día.

El Sol pareciera brillar igual desde el origen de la Humanidad, incólume y omnímodo. Sin embargo, el Astro Rey no esta siempre igual, tiene ciclos, estadíos en los que sus condiciones varían de un extremo a otro, como si fuera un péndulo. Hablamos de los ciclos solares, períodos en los que la actividad magnética de la estrella aumenta progresivamente hasta alcanzar su cúlmen y luego volver a descender, en etapas que duran aproximadamente 11 años para volver a repetirse nuevamente. Las razones de estos ciclos aún son desconocidos para la ciencia, pero se espera que las recientes misiones enviadas para estudiar el Sol aporten pistas. Cada 11 años los polos magnéticos del Sol se invierten, mientras que en su superficie el aumento de la actividad magnética genera ciclópeas manchas solares y erupciones de energía que vierten grandes corrientes de energía e hidrógeno caliente hacia los planetas. Estas oleadas imbuyen a todo el Sistema Solar, como si de oleajes en un mar se tratara, provocando fuertes reacciones en nuestros cielos, como es el caso de las auroras boreales.

La ciencia estudia con atención estas tormentas solares y la actividad de nuestra estrella ya desde el siglo XVIII, cuando aparecieron los primeros telescopios propiamente dichos. Desde entonces ya se llevan contabilizados 24 ciclos solares, y según los estudiosos de estos fenómenos, entre abril y junio de este año entramos en el vigésimo quinto ciclo. Se trata de un ciclo que según pronostican será débil, alcanzando su cúlmen en 2025 para luego iniciar su paulatino descenso hasta el comienzo del siguiente. Los científicos analizan esta situación debido a los efectos que tienen las tormentas solares en los aparatos electrónicos y las comunicaciones, pero también por el aumento de las partículas solares, lo que facilita su análisis. Nuestro planeta está constantemente recibiendo el influjo cósmico a través de estos auténticos «mensajeros» solares y también de otras formas, como es el caso del polvo estelar, originado en cometas, asteroides o corrientes procedentes de otros puntos del infinito Universo. Se cree que este polvo tan antiguo trajo consigo las propiedades por las que, después, se originó la vida en nuestro planeta: carbono, hielo y silicatos.

Nuestra estrella pasa por diferentes etapas, como nos explica Anael de Origen Estelar. Es un portal por el que poder acceder a otras dimensiones y realidades de nuestro cosmos, auténtico regente de nuestro Sistema Solar. No se encuentra congelado en un punto como solemos pensar, sino que realiza un recorrido a través del Universo, viajando siempre rodeado de los planetas que lo orbitan, pasando por diferentes espacios y coordenadas. Ello sin duda influye en la Humanidad, aunque en nuestra pequeña cotidianeidad no nos percatemos y consideremos al Sol y al Universo como algo muy lejano, cuando en realidad nos encontramos inmersos en un eterno viaje estelar junto a él. Estamos conectados al cosmos, somos cosmos, como nos vuelven a demostrar constantemente eventos como el de los ciclos solares. Ya las civilizaciones antiguas sabían del poder capital del Astro Rey, venerandolo en templos y santuarios desde el Antiguo Egipto hasta las cordilleras del Perú. Y ahora, volvemos a mirar al Sol desde nuestra visión reducida, preocupándonos solamente por la salud de nuestros objetos electrónicos frente a las tormentas solares, y no interpretándolo como el auténtico reloj universal que es, marcándonos una nueva etapa de cambios y transformaciones.

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