La geometría urbana de la Naturaleza

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Este año se cumplen 100 años del fallecimiento de Arturo Soria, uno de los grandes urbanistas e inventores de España de su época. Intelectual y teósofo, se acercó a los números pitagóricos o a los secretos del cosmos, intentando aplicar sus conocimientos a la mejora de la vida de los habitantes de la ciudad de Madrid. ¿Quién fue este poco conocido polímata de finales del siglo XIX? Actualmente una de las grandes avenidas madrileñas llevan su nombre, así como un barrio y una estación del Metro.

La vida de Arturo Soria fue intensa y variada, de la mano del convulso contexto de España a finales del siglo XIX y principios del XX. Nació en la capital en 1844, hijo de una familia acomodada y sobre todo, de ideología liberal, algo muy extraño en un país mayoritariamente católico y muy conservador. Pronto se interesó por la geometría, los números y la ingeniería, ingresando en la Escuela de Caminos, donde se formaban los ingenieros civiles, en una época en la que esta especialidad era poco importante. En abierta oposición a la monarquía de Isabel II y a su régimen inmovilista, se acercó a la intelectualidad progresista y demócrata, participando en reuniones secretas y en elaboración de publicaciones críticas con el Gobierno. En 1866, un levantamiento militar contra la reina fue apoyado por Soria, quién combatió en las barricadas contra la Guardia Civil, pero fueron derrotados y tuvo que retirarse de la capital por un tiempo. Trabajó como funcionario de Estadísticas, profesor de matemáticas, e incluso fue enviado como secretario a Puerto Rico donde se enfrentó a los esclavistas. Tras un breve paso por la política, empezó a dedicarse al urbanismo por completo.

Defensor del progreso y de la ciencia, Arturo Soria fue pionero en muchos aspectos a finales del siglo XIX, en una España por entonces muy relegada frente al resto de Europa o América. Inventor, curioso, ávido lector, confiaba en el futuro y en una sociedad liberal y democrática. Desarrolló un modelo de teodolito para las imprentas, ideó un sistema de alerta para evitar las crecidas en las costas de los ríos y se interesó profundamente por el ferrocarril, convirtiéndose en empresario de los rieles. Creó un sistema de tubos neumáticos que llevarían el correo de forma subterránea, haciendo innecesario el trabajo de los carteros. Y, quiso impulsar el teléfono en España, poco después del célebre invento de Graham Bell, intentando conseguir la concesión sin éxito. Fue tachado de demasiado innovador y obsesivo.

En ese entonces las ciudades españolas crecían sin orden ni control, con barriadas obreras donde malvivían las familias trabajadoras que crecían en torno a los cascos antiguos. Las enfermedades, el hacinamiento y una escasa higiene hacian de estos lugares entornos totalmente insalubres. Soria, paladín del progreso y del avance, se interesó por los primeros urbanistas de aquella época, entre ellos el célebre Ildefonso Cerdá y fue ideando un sistema de urbanización que se basaba en sus profundos estudios de la geometría. Partiendo de los pitagóricos y de los «números sagrados», Soria reverenciaba a Darwin, pero reintepretando su Teoría de la Evolución desde las formas. Consideraba que la geometría escondía un poder secreto y que el secreto del avance de las especies que propuso Darwin estaba en la evolución de las formas, no de las propias especies. Pensaba que los números pitagóricos eran los pilares de la arquitectura del cosmos, de la armonía universal. Su insaciable curiosidad lo llevó a relacionarse con la Teosofía y publicó numerosos escritos donde defendía sus ideales, creando incluso la primera publicación del mundo sobre urbanismo (1896). Aplicando estas formas del cosmos y de la Naturaleza desarrolló un modelo de urbanización que generó un hondo impacto internacional: la ciudad lineal.

Este nuevo sistema se basaba en una avenida central, ancha y vinculada por transporte público (se propuso en tranvía electrico o incluso un ferrocarril subterráneo, algo que en ese entonces ni siquiera existía). En esta avenida se concentrarían los servicios, desde la luz hasta el alcantarillado, todo soterrado, y en torno a la avenida se encontrarían las zonas residenciales, con viviendas familiares, cada una con jardín y huerto. El objetivo era ruralizar la ciudad y crear una red que unificara la ciudad con otras, en una especie de constelación urbana. Este modelo fue aplaudido en Inglaterra o Francia, pero en España Soria encontró múltiples problemas para llevarlo a cabo, a pesar de la creación de la Compañía Madrileña de Urbanización. La burocracia, la falta de inversores o el estallido de la Primera Guerra Mundial, demoraron el proyecto, pero se logró crear una avenida de 5 km siguiendo los postulados de Soria, que permanece hasta hoy en día, el barrio madrileño de Ciudad Lineal, totalmente absorbido por la ciudad. Fallecido en 1920, sus ideas fueron replicadas en países como Francia o en Rusia, muy reconocido por arquitectos y urbanistas como el célebre Corbusier. Su intención de mejorar el entorno basándose en las geometrías naturales y cósmicas nunca se logró llevar adelante, pero sus ideas siguen vigentes a 100 años de su desencarnación.

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