Lunas efímeras

Astronomía y descubrimientos

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¿Hay más lunas orbitando nuestro planeta Tierra? Se trata de un antiguo interrogante que hasta hacía poco parecía zanjado. Pero un nuevo hallazgo nos vuelve a mostrar la realidad de un cosmos en constante cambio, sobre todo en el variable mundo de de los satélites y lunas. ¿Cómo son estas lunas efímeras y a que se debe su aparición en el cielo nocturno? Para ello debemos introducirnos en el fascinante mundo de los cuasisatelites y meteoritos.

El origen de la palabra satélite se encuentra en el vocablo latino satelles, que se refería a los militares y asistentes que acompañaban a la corte de los soberanos. Así como si fueran monarcas, los planetas circulan en torno al Sol rodeados de sus satélites. Todos los mundos de nuestro Sistema Solar tienen sus lunas, excepto Mercurio y Venus. Los 6 planetas restantes tienen en total 178 objetos satelitales y se espera descubrir más. Muchos son simples fragmentos rocosos, resultado del nacimiento del Sistema Solar, mientras que otros poseen atmósfera y gravedad propia. Los científicos los han clasificado en varios grupos. Los pastorales, por ejemplo, contribuyen a la estabilidad de los anillos de algunos planetas como Urano o Saturno; los coorbitales, aquellos que giran en una misma órbita; o los asteroidales, que giran en torno a un asteroide. Más allá de Plutón se han encontrado diversos objetos con extrañas órbitas, a grandes distancias de la Tierra.

Sus tamaños son muy diversos, los más grandes son Ganímedes y Titán, mientras que los de menores dimensiones son por ejemplo Nix, que orbita a Plutón, con 3 km de ancho y 42 de largo. Y en este listado hay que incluir a la Luna que órbita nuestro planeta, mostrándonos siempre la misma cara. Su influencia en la Tierra es constante, como demuestran por ejemplo las mareas, o también en múltiples aspectos humanos como la cultura, la mitología o los calendarios. En 1968 se convertía en el primer cuerpo celeste donde el hombre realizaba un descenso tripulado. Se trata del único satélite que posee la Tierra, pero ¿esto ha sido siempre así? El cosmos está repleto de objetos que recorren enormes distancias, repelidos o atraídos por la gravedad de los planetas o estrellas, las tormentas solares o el influjo de los agujeros negros. Hablamos de asteroides, meteoritos o simples fragmentos de roca que surcan el Universo y que en ocasiones son atrapados por la influencia gravitacional (esfera de Hill) de algún gran objeto celeste. Es lo que ha ocurrido en estos últimos años con el «nuevo» satélite que posee la Tierra.

En febrero de este año los astrónomos de Arizona se asombraron al detectar un objeto desconocido rondando en el cielo nocturno. Bautizado como 2020 CD3, el pequeño fragmento rocoso no mide más de 3 metros y se encuentra mucho más cerca que la Luna. Los especialistas consideran que se trata de un meteorito capturado por la gravedad de nuestro planeta, que lleva orbitando tres años en torno a la Tierra. Pero este romance cósmico durará poco, pues se estima que para Abril de este año el meteorito logrará liberarse de la atadura gravitacional y se perderá en el firmamento. No es esta la primera vez que ocurre algo así, en 2006 fue captado otro objeto capturado por nuestro mundo, llamado 2006 RH y que duró menos de un año en la órbita de la Tierra. En este grupo podemos incluir a los llamados cuasisatelites, atraídos por el influjo del Sol, pero también afectados por la gravedad de nuestro planeta, como es el caso de Cruithne. Este objeto ha sido llamado «la segunda Luna», pero su órbita es muy inestable, descubierto en 1986. A lo largo de la historia ha habido astrónomos que han afirmado haber descubierto nuevas lunas, como la de Petit en 1846 o las de Waltemath en 1898, sin haber podido ser confirmadas por la ciencia. Ahora, podemos decir que tal vez fueran lunas errantes, que se perdieron en el cosmos, un cosmos que nos muestra su constante movimiento y cambio.

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