Galdós y la llama de la Historia

Literatura universal

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Se cumplen 100 años de la desencarnación de Benito Pérez Galdós, considerado el novelista más importante de España después del inmortal Cervantes. ¿Quién fue este escritor? ¿Cuál es la razón de su importancia para las letras? Para ello debemos viajar al tránsito entre el siglo XIX y principios del siglo XX, una época dorada para la literatura española, aunque no para un país empobrecido, sacudido por una inestabilidad crónica y muy alejado de su antiguo esplendor. Todo ello fue registrado por la virtuosa pluma de Galdós, quién impulsó la llegado del realismo francés a España.

Nacido en 1843 en la lejana isla de Gran Canaria, el joven Galdós perteneció a una acomodada familia de militares y políticos. Gracias a su formación, pronto destacó por sus escritos y pequeños artículos, algo que se acrecentó al trasladarse a Madrid y entrar en contacto con la intelectualidad de la época. Asiduo del Ateneo, lugar de encuentro de la intelectualidad madrileña, pudo además viajar a la siempre fascinante París, a la vez que estudiaba Derecho y empezó a trabajar como periodista. Entre 1860 y 1870 España estaba convulsionada entre los sectores que pedían apertura, intentando acercarse a la Europa liberal y burguesa, y la monarquía y los sectores inmovilistas. En 1868, la Revolución Gloriosa derrocó a la monarquía y se sucedieron varios gobiernos republicanos en lo que se conoce como el Decenio Democrático. En medio de aquella explosión social y cultural, Galdós, fascinado por el realismo francés de autores como Honoré Balzac, empezó a dedicarse a las letras, como articulista y escribiendo sus primeras novelas. A partir de 1875, un golpe de estado militar restableció el sistema monárquico y tradicional, en una manipulada alternancia entre los conservadores y liberales.

Galdós intentó que sus escritos mostrasen la realidad social de su época, influenciado enormemente por el realismo francés. Extremadamente descriptivo y muy cercano a la cotidianeidad de las diferentes clases sociales, Galdós quiso importar este estilo francés, bajo el influjo de las letras de Balzac. Él mismo, procedente de la minoría educada y acomodada, decidió recorrer la España rural conociendo las realidades diferentes, en trenes regionales o alojándose en humildes posadas, escuchando conversaciones cotidianas. Así, pudo ir escribiendo su obra cumbre, «Episodios Nacionales» un gran compendio de la inestable historia española desde la Guerra de Independencia hasta el régimen conservador de 1875. Pero con una visión muy original, contada por cientos de personajes de todas las clases, un caleidoscopio de la realidad de aquellos tiempos, donde se mezclaba la ficción de personajes imaginarios y grandes figuras históricas. Se trata de 46 novelas que nos muestran el inmenso talento de este escritor que quiso contar la Historia a todos, de forma novelada y entretenida, formando un corpus indivisible, en el que todas las novelas conforman una constelación en la que todas y cada una de ellas existe en función de las otras.

Pero, ¿en qué consiste el genio de Galdós? Fue capaz de contar la Historia de una forma totalmente innovadora, inaugurando el concepto de novela histórica, en el que ocurren hechos ficticios enmarcados en un contexto real. Y sobre todo, Galdós colocó en la primera línea de sus novelas a todo tipo de personajes populares que se ven influenciados por las decisiones de los poderosos y los personajes históricos, que no son más que sombras apenas atisbadas, adoptando un papel secundario. Es así que el brillante escritor identificó claramente el espíritu de la Historia, una crónica escrita de forma colectiva, con miles de miradas y experiencias diferentes, en la que las decisiones de reyes y militares son casi simples anécdotas. Lo importante es la vida de sus personajes primarios, el pueblo español genuino, aquel que se adaptó a la realidad de su tiempo y buscó la mejor manera de salir adelante. Galdós nos demostró que la Historia no es una historia lineal, sino una sucesión de muchos elementos, vivencias, en la que para unos hay luz y para otros oscuridad, un maremágnum en el que los eventos históricos son sólo la punta de icebergs con abismales profundidades, y en la que lo importante fue la vivencia de las personas. En esta colección de libros pudo definir claramente el concepto de memoria.

Por todo ello, Galdós es considerado uno de los grandes escritores de España, reverenciado por las generaciones posteriores por su agudeza y brillantez. Además de las novelas, el escritor incursionó en otros estilos y géneros, como el teatro o autobiográficos como la brillante «Memorias de un Desmemoriado». Ávido lector, siempre se acercó a los grandes autores franceses e ingleses, íntimo amigo de Leopoldo Alas Clarín. A pesar de su gran timidez se decantó para sorpresa de muchos a la política, convirtiéndose en diputado de las Cortes de Madrid, ciudad a la que amaba con todo su ser. La fama de sus escritos lo llevaron a ser propuesto al Premio Nobel, pero sus ideas progresistas lo alejaron del galardón, falleciendo en 1920. Su talento e ingenio ha seducido a todos aquellos que se han acercado a sus libros en todos los años que han pasado desde entonces, considerado uno de los mejores desde Lope de Vega y mano a mano con Cervantes.

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