El fin de Constantinopla y el nacimiento de un nuevo mundo

Momentos históricos

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La que fuera la ciudad más poderosa del mundo fue sitiada por los invasores turcos. La caída de Constantinopla está llena de instantes célebres, un hito clave en la Historia que marcó el final de la Edad Media y el principio de la Edad Moderna. ¿Cómo fue este momento bisagra? Una vez más, la historia nos muestra que lo que tantas veces parece el final no es más que un nuevo comienzo.

Constantinopla fue en su momento la ciudad más grande del mundo, superando a su competidora occidental, Roma. En los últimos estertores del Imperio Romano, este fue dividido en dos, quedando la parte oriental bajo la órbita de una nueva capital: Nova Roma Constantinopolis, llamada así en honor de su fundador, el emperador Constantino. Este quiso crear una ciudad fastuosa y majestuosa, y para ello trajo artesanos y mano de obra de todos los rincones del Imperio, así como estatuas, obeliscos y piezas de arte. Entre este emperador y sus muchos sucesores, la nueva Constantinopla se dotó de un inmenso hipódromo, plazas públicas, grandes palacios para alojar a los emperadores y sus familias y todo un sistema de cisternas que dotaba de agua a los palacios. Punto fundamental de comercio, en su interior se establecieron diversas comunidades que crearon sus barrios comerciales, como los venecianos o genoveses. Además, fue rodeado de murallas que se consideraban indestructibles y se dotó de una prestigiosa universidad que la convirtió en una urbe cultivada, así como un importante observatorio astronómico y bibliotecas.

Alcanzó su esplendor en el siglo V, sin embargo, las centurias fueron transcurriendo y el Imperio de Oriente fue declinando. Las guerras contra los musulmanes y las tensiones internas por cuestiones dinásticas y religiosas provocaron que el Imperio decreciera hasta quedar reducido a los alrededores del Mar de Mármara. Durante la Cuarta Cruzada, ya en la Edad Media, los cruzados tomaron la ciudad durante un largo tiempo, saqueándola sin piedad. A pesar de ello, Constantinopla era considerada el principal reducto contra la amenaza de los musulmanes y los turcos, que invadían Anatolia, la frontera de Europa Oriental que impedía la entrada en Grecia y Europa Central a los sarracenos. Muestra del arte bizantino en todo su esplendor fue la Hagia Sofía, una enorme basílica que destaca por sus imponentes cúpulas abovedadas y su monumentalidad. Pero, al llegar el siglo XV, la ciudad contaba con cada vez menos habitantes y sus palacios habían quedado desiertos. En abril de 1453 las tensiones entre el emperador Constantino XI y el sultán Mehmed II estallaron y los turcos cercaron la capital bizantina.

La batalla por Constantinopla fue un momento bisagra en la historia y llena de momentos célebres, digna de una epopeya de Homero. Una guerra de desgaste y de ingenio, donde no faltaron el misterioso fuego griego que ardía sobre las aguas, las estratagemas turcas o la participación directa del emperador Constantino XI que murió combatiendo en las murallas. Pero finalmente, la capital bizantina sucumbió y cayó en manos de los turcos. El pánico recorrió Europa, incluída la Santa Sede donde los prelados rezaban a Dios pidiendo ayuda, ante el temor frente a los musulmanes. Muchos creyeron que era el fin del mundo, entre ellos, muchos mercaderes venecianos y genoveses que vieron cerradas sus rutas hacia los productos de Oriente. Lo cierto es que el Apocalipsis nunca llegó, pero el mundo dio un importante giro, las estructuras se sacudieron y la visión de los hombres cambió. La caída de Constantinopla, provocó la huida de muchos eruditos que llegaron hasta Italia y otros países, llevando sus ideas y su conocimiento, impulsando el estallido del Renacimiento en Europa. El cierre del comercio llevó a buscar nuevas rutas por mar hacia Oriente, lo que provocó el Descubrimiento de América. La historia está llena de apocalipsis, pero nos olvidamos que es en esos momentos cuando el camino no acaba sino que se buscan nuevas sendas.

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