Pasargadas, la ciudad de Ciro el Grande

Antiguas ciudades

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Persia fue dominado por numerosos soberanos y constructores de grandes imperios en épocas antiguas. Pero si hay un rey que destacó fue Ciro II el Grande, constructor de la ciudad de Pasargadas, una de los joyas arquitectónicas del actual Irán y Patrimonio de la Humanidad. ¿Cuáles son los secretos de esta fascinante capital de los aqueménidas? En ella tuvieron su origen los famosos jardines persas y se construyó una enigmática tumba, llena de misteriosos símbolos.

En medio de las llanuras del interior de Irán se alzan los restos de Pasargadas, la gloriosa capital del todopoderoso rey Ciro II el Grande. ¿Quién fue este monarca que llegó a denominarse «rey del mundo»? Mencionado con admiración por los historiadores antiguos, como el griego Heródoto, o incluso en la Biblia, donde se lo considera «enviado de Dios». Este príncipe proveniente del interior de las llanuras persas se alzó en armas contra el reino de los medos que dominaba la región, pero el hábil estratega los derrotó y comenzó a crear un inmenso imperio que se extendía desde lo que hoy es Pakistán hasta Egipto. Sometió a la fastuosa Babilonia, en medio de una traición palaciega impulsada por los codiciosos sacerdotes de esta ciudad y conquistó a las ricas ciudades fenicias o incluso a Jerusalén, donde se granjeó el apoyo de los judíos. Soberano de semejante imperio, dueño de una incontable fortuna y con un poder casi omnímodo, Ciro II decidió crear una nueva capital.

Se eligió el punto donde se había logrado derrotar a sus acérrimos enemigos, los medos, en lo que actualmente es la llanura de Murgab. Trayendo artesanos de todos los rincones de su inmenso imperio, la ciudad fue una mezcla de muchos estilos, pero siempre majestuosa y refinada. Erigida desde el año 546 antes de Cristo, Pasargadas se convirtió en una ciudadela fortificada, que se extendía por 160 hectáreas, con grandes palacios, fortalezas militares y una gran cantidad de jardines irrigados con pabellones recreativos, precedentes de los famosos jardines persas. Estos estaban divididos en 4 partes, formando una cruz de lados iguales, en lo que podemos observar una reminiscencia lemuriana; en estos jardines se representaban también los 4 ríos del paraíso. Allí, el rey se reunía con sus ministros, o descansaban los nobles y aristócratas. La ciudadela esta enmarcada por una colina aterrazada, el Tal-e- Talkht, donde se encontraban los palacios principales, los aposentos reales y las salas de audiencias. Destaca por ejemplo, esta última, una gran estructura con grandes columnas blancas y negras, decoradas con leones y toros, así como ricos pórticos. Además, la ciudadela contaba con amplios recintos ceremoniales, donde se veneraba a los dioses del mazdeísmo (zoroastrismo) y a su divinidad superior Ahura Mazda.

Ciro II extendió su imperio y alcanzó una inmortal gloria, pero la muerte le sobrevino en una campaña contra los pueblos escitas al norte de Persia. Dejó tras de sí un inmenso reino multicultural, donde los pueblos pudieron mantener sus costumbres y religión a cambio de respetar la autoridad imperial. Fue en Pasargadas donde se erigió su tumba, convirtiéndose en un lugar sagrado. La Tumba de Ciro es uno de los grandes monumentos de esta ciudadela y el mejor conservado, formado por una escalinata con forma piramidal y un templete en lo alto. En ella se ve la influencia de los zigurats mesopotámicos, la colina primigenia de donde surgió todo, así como el origen del monarca, procedente de una zona montañosa «en la que los dioses vivían en las cumbres». En ella se colocó el cuerpo del soberano, bajo el influjo del cosmos y los cielos. Tiempo después, la capitalidad pasó a la ciudad de Susa y más tarde a la mítica Persépolis, mientras Pasargadas inició un largo declive. Convertida en Patrimonio de la Humanidad, esta antigua ciudadela aún continúa fascinando por su arte y su belleza de otros tiempos, así como su constructor el rey Ciro II inmortalizado en relieves y estelas, con alas extendidas y una gran corona sobre su cabeza.

Tumba de Ciro II
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