El pueblo del dragón

Curiosidades y cultura

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La cultura galesa sigue fascinando a todo el que la descubre, una tradición en la que se mezclan reyes, celtas, dragones o el propio idioma galés. Este pueblo habita desde tiempos inmemoriales en las verdes colinas de su territorio, y ha desarrollado una ancestral resistencia a cualquier control exterior. ¿Qué sabemos de este pueblo tan antiguo como interesante? Argentina es el único lugar fuera de las islas Británicas donde los galeses se asentaron, manteniendo viva su tradición y demostrándonos nuevamente la riqueza de culturas y tradiciones que habitan en nuestro país, faro del nuevo mundo.

Gales se encuentra al este de Gran Bretaña, en una ancha península montañosa que mira hacia Irlanda. Esta fascinante tierra llena de rebaños de ovejas y castillos (nada más y nada menos que 641), destaca por sus verdes campiñas y sus rudos habitantes, habituados a la dureza del clima y de las colinas, descendientes de los celtas. Estas ancestrales tribus habitaron durante milenios, hasta mucho tiempo después de la conquista romana, cuando crearon reinos independientes y aguerridos. Hubo continuas guerras contra los ingleses, hasta la derrota definitiva del último rey galés Llywelyn ap Gruffydd frente al monarca Eduardo I, siendo anexionado el territorio a la corona británica. Pero, la identidad galesa se mantuvo a través de los siglos, presente en su lengua, cultura y durante mucho tiempo en sus instituciones.

La tierra del dragón rojo (uno de sus muchos símbolos, presente en la bandera galesa y en el escudo de su capital, la ciudad portuaria de Cardiff) siempre fue díscola frente a la autoridad de Londres. Recién en el siglo XV se pudo someter de forma definitiva a este pueblo, que de forma constante se alzaba en armas frente a los reyes ingleses. Para mayor irritación de los galeses, el príncipe heredero lleva siempre el título de «príncipe de Gales», hasta que asciende al trono. Tiempo después surgió una corriente nacionalista que incluso llegó a pedir la autodeterminación y la independencia en 1925, sin ningún resultado. Este nacionalismo se remonta ya a épocas medievales, cuando nació una profecía que aseguraba que en el futuro llegará un enviado del destino que liberará al pueblo galés de la monarquía inglesa.

Aparte de un culto cristiano con algunas particularidades, el principal pilar de la cultura galesa está en su idioma. Heredero de las lenguas célticas que se hablaban desde antes de la llegada de las invasiones romanas, el galés ha sufrido una fuerte evolución durante los siglos. La obra más antigua en este idioma es el Libro Negro de Carmarthen que entre otras cosas, recoge antiguas tradiciones vinculadas al rey Arturo y el mago Merlín. Este idioma de 28 letras y muchos sonidos guturales, ha estado vinculado de forma histórica a los poemas y la tradición cantada, que alcanza su máximo exponente en el Eistedfodd. Se trata de una antigua festividad en la que poetas y músicos competían por estar en la mesa del soberano galés. Aunque este idioma sufrió una fuerte merma durante el siglo XX, posteriormente al reintroducirse en las escuelas se ha logrado su estabilización.

El galés es un idioma con una expansión muy reducida, estando presente solo en Gales y en un lugar a miles de kilómetros de distancia: el sur de Argentina. Buscando un lugar lejos de la influencia de Londres, el profesor Michael Daniel Jones impulsó una exploración de la costa patagónica y pidió permiso al gobierno argentino para asentarse. Fue en 1865 cuando llegó el primer contingente de galeses, a bordo del velero Mimosa, iniciándose un durísimo proceso para cultivar y asentarse en las tierras patagónicas. Fruto de ello fueron las ciudades actuales de Puerto Madryn, Gaiman, Donovan o Trevelín, donde permanecen los descendientes de aquellos pioneros. Es por ello, que en estos puntos permanece muy viva la gastronomía galesa (en sus tortas y bizcochos) o el idioma, celebrándose el eistedfodd en el que se celebra al bardo más diestro para componer rimas. Esto nos vuelve a mostrar el crisol de culturas presente en Argentina, depositaria de tantas tradiciones de nuestro planeta.

Casa de té de Trevelín
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