Cicerón: la voz de la elocuencia

Filosofía e historia

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Siglos después de su muerte, Cicerón es una figura tan respetada como estudiada. ¿Quién fue este genial jurista y orador? Sus escritos y sus brillantes cartas siguen siendo analizadas, por su elocuencia y sabiduría, un intelectual que impulsó la filosofía en una sociedad romana que renegaba del pensamiento griego. Y sobre todo el que alzó su voz en una época llena de traiciones y el intento de muchos de imponer su poder a los demás, paladín de la justicia y el gobierno republicano, frente al caudillismo. Aunque cientos de años han pasado desde sus acalorados discursos, sus dudas y sus ideas siguen siendo de actualidad.

Roma se encontraba en plena ebullición en el el siglo I antes de Cristo. Era por entonces una república, donde el poder era compartido por las clases altas, y cuya máxima institución era el Senado, formado por representantes del pueblo romano. Un sistema imperfecto, pero donde el debate y el respeto a la ley eran fundamentales, sin llegar a ser una democracia como la ateniense. Pero en esos años, la república está cada vez más amenazada por magistrados y caudillos que buscan acumular poder apoyándose en un ejercito cada vez más poderoso. Es la época de la aparición de los primeros dictadores, como Sila, Marco Antonio o Julio César, que se enzarzan en cruentas guerras civiles por el control del poder.

Es en esos tiempos turbulentos y llenos de incertidumbres cuando aparece Marco Tulio Cicerón, quien fue una de las principales figuras del momento, brillante, inteligente, pero a la vez tan controvertido como sus muchos oponentes. Proveniente de una familia acomodada, el joven Cicerón se formó en filosofía, gracias a sus viajes a Grecia. Allí se educó en las principales figuras de las escuelas del pensamiento: estoicismo, epicúreismo o en los misterios del Eleusis, la escuela hermética de entonces. Además, estudió profusamente las leyes y destacó especialmente en una de las grandes disciplinas de la república romana: la oratoria.

Con esta excelsa formación llegó a Roma, donde empezó a ascender entre los principales puestos de poder (magistraturas), convirtiéndose en el orador más brillante de la Ciudad Eterna. Son celebres sus apasionadas diatribas contra Catilina, quien buscaba derrocar la república, recogidas en sus Catilinarias, que en última instancia provocaron la caída del golpista. Su ardor y pasión en la oratoria en defensa de la ley y del gobierno republicano lo hicieron célebre, pero las turbulencias continuaron con la aparición de Julio César al cual siempre criticó.

Se desató una guerra civil entre este y Pompeyo, quedando Cicerón entre ellos e intentando mantener una posición intermedia. Refugiado en el campo, el orador se dedicó a mantener una extensa correspondencia, donde habla de su desconcierto y sus dudas. Tras el asesinato de César en las escalinatas del Senado, la república parecía salvada de los que buscaban instalar una dictadura y Cicerón retornó al Senado. Sin embargo, surgieron nuevas luchas, entre Marco Antonio, quien escapó a Egipto, y el heredero de César, Octavio. Cicerón apoyó al primero, mientras se desataba una cruenta guerra civil entre ambos contendientes. Pero un breve acuerdo entre Octavio y Marco Antonio puso contra las cuerdas a Cicerón, quien abandonado por su valedor, fue ajusticiado. Víctima de su tiempo, se apagaba así una de las grandes voces de la oratoria de todos los tiempos.

¿Por qué fue tan destacado? Cicerón se erigió en sus discursos como un gran defensor del respeto a la ley y del sistema republicano, rechazando la pretensión de algunos de imponer su poder al resto. Su vocabulario y su riqueza discursiva lo convirtieron en uno de los grandes oradores de la Historia, capaz de convencer al más testarudo y de encrespar a los senadores frente a los enemigos. Defensor de la palabra y del debate como forma de lucha, siempre defenestró a los que se imponían con la fuerza bruta y apostó por que la oratoria fuera enseñada a los más jóvenes. La brillantez de sus discursos marcaron la época dorada de la discursiva romana, algo que nunca se volvería a repetir durante la Roma imperial.

Gracias a su sólida formación, fue uno de los grandes impulsores de la filosofía en la Ciudad Eterna, así como de la poesía. Rechazaba el dogmatismo, por lo que en sus ideas siempre imperó el eclecticismo, con una fuerte influencia del platonismo. Consideraba a la amistad y la honestidad como los grandes pilares de las personas, así como la filosofía, la búsqueda de la verdad, algo que veía como un salvavidas en los momentos difíciles de la vida. Estudió profusamente las leyes y se erigió como el mayor jurista de su época, defensor del orden y la razón hasta sus últimas consecuencias, algo que finalmente provocó su final. No es de extrañar que Cicerón siga siendo estudiado y celebrado por su elocuencia y su ensordecedores discursos frente a los que intentan imponer sus ideas en épocas en las que el sonido de los sables pareció imponerse sobre las voces de los que debaten.

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