Minoicos: entre el minotauro y el cosmos

Antigüedad

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La antigua cultura minoica evoca épocas pretéritas en las que se mezclaban las leyendas del minotauro y el ingenio de los héroes, el laberinto de Dédalo o las antiguas embarcaciones griegas. Todos estos ingredientes se juntan para convertir a los minoicos y sus ancestrales palacios en una cultura fascinante. ¿Qué sabemos de estas antiguas gentes? Un nuevo descubrimiento publicado hace unos días vuelve a poner a esta civilización desaparecida en el foco.

Reconstrucción del Palacio de Cnosos

En los antiguos mitos queda plasmado cómo el sabio constructor Dédalo diseñó y erigió un laberinto para resguardar en su interior al monstruoso minotauro. El cruel rey cretense Minos se enfrentó a Atenas en una guerra y como castigo, obligó a los atenienses a enviar todos los años un grupo de chicos y chicas para alimentar al monstruo. Sería finalmente el heroico Teseo quién con la ayuda de Ariadna y su hilo mágico, lograría derrotar al minotauro y lograr salir con vida. En este mito, hay visos de la verdad: el dédalo se inspira en los laberínticos palacios minoicos y nos muestra el poder de los reyes cretenses, que lograron someter incluso a Atenas.  ¿Quiénes eran estos poderosos monarcas? Vivían en Creta, una isla alargada situada en un punto estratégico que comunica Grecia, las costas de Anatolia y el Norte de África. Aunque actualmente es muy diferente, en tiempos anteriores se trataba de una isla cubierta de bosques y con fuentes de agua, un lugar con abundantes cuevas que favorecieron el poblamiento. Los cretenses pronto comenzaron a aprovechar los abundantes recursos marinos y el valor comercial de su emplazamiento.

La civilización minoica alcanzó su apogeo entre el 2000 y el 1700 adC  y se convirtió en una de las más refinadas del Mediterráneo. Una de sus principales características es la construcción de grandes palacios, los más antiguos de Europa, de dimensiones impresionantes. Por ejemplo, el palacio de Cnosos, uno de los más célebres, poseía 1500 estancias y contaba con salones de audiencias, almacenes, baños, santuarios,… todos decorados con ricos y coloridos frescos, columnas pintadas y pórticos. Se dotaron de sistemas hidráulicos y de drenaje, teatros y grandes patios. Además de Cnosos, se construyeron otros bellos palacios, como el de Festo. Todo ello nos habla de una cultura que pobló densamente la isla y desarrolló un amplio comercio que les permitía traer productos de muchos lugares, construyendo carreteras y puertos. La cultura minoica fue próspera y estable, sin revueltas o crisis recurrentes, gobernados por reyes que basaban su poder en el control de los mares y el comercio (talasocracia). Poseían su propia escritura jeroglífica, que aún no ha podido ser descifrada , además de un culto religioso basado en la adoración a divinidades de la fertilidad, principalmente femeninas. En esto podemos apreciar la influencia neolítica, reciente en ese entonces, de la veneración hacia la diosa madre. Además, utilizaron como elementos sagrados al Sol, el toro o la serpiente, algo que se repite en muchas otras culturas, con una clara influencia cósmica.

Los frescos y las imágenes de las cerámicas nos muestran la estrecha relación de los minoicos con los mares y la agricultura, una cultura próspera sin guerras y conflictos. Y por supuesto con el comercio. Una muestra de ello salió a la luz este mismo mes de Noviembre, cuando excavaciones en Khrysi descubrieron una antigua factoría de murex, un crustáceo del cual obtenían pigmento púrpura, que contaba incluso con tanques de piedra para cultivarlos. No solo eso, en los almacenes adyacentes se encontraron brazaletes, diversas joyas y piedras semipreciosas, lo que nos habla de la prosperidad de estas gentes. ¿Qué fue de la cultura minoica? Hacia el 1700 una erupción del volcán Thera devastó los palacios, que aunque vivieron una nueva recuperación tiempo después, marcó el principio del final de los minoicos. Siglos después, diversos arqueólogos comenzaron a llegar a Creta y desenterrar los palacios, entre los cuales destaca el británico Arthur Evans, uno de los mayores estudiosos de esta antigua civilización y reconstructor de Cnosos. Por todo ello, Creta y su antigua cultura minoica siguen fascinando y mostrándonos una lejana sociedad con un fuerte vínculo con el elemento agua y el cosmos.

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