Finisterre ¿lugar sagrado?

Lugares sorprendentes

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Finisterre en la punta más occidental de España, es un lugar a la vez mítico y sagrado, donde mitos y leyendas se confunden con la realidad. Aquí hubo desde una ciudad perdida celta hasta un altar solar, apariciones de la Vírgen María o la llegada del Apóstol Santiago. ¿Qué hace de este punto un lugar tan especial? ¿Porqué sigue siendo actualmente uno de los lugares más visitados de toda Europa?

Cuando los primeros romanos llegaron a la puntiaguda lengua de tierra del Cabo Finisterre y observaron la puesta del Sol en el Occidente tuvieron miedo, como si estuvieran transgrediendo alguna norma o alguna ley dictada por los temibles dioses olímpicos. Estaban mirando casi de frente al Astro Rey, el venerado Sol, que se escondía en el horizonte del mar. Se encontraban en el punto más occidental del Viejo Continente y más allá estaba lo desconocido, terra nulla como decían ellos. La importancia de este punto de la geografía gallega, enclavada en medio de las escarpadas costas, ya venía de los pueblos que habitaban antes de los romanos: celtas y fenicios. Estos erigieron un altar en adoración al Sol, el Ara Solis, lugar de culto a este astro y a la fertilidad. Se dice que tiempo después este altar pagano fue destruido por orden del Apóstol Santiago, pero el lugar continuó siendo visitado por parejas que buscaban tener hijos. Donde se encontraba este altar se desconoce, algunos apuntan al islote que asoma frente al Cabo, otros a la cercana villa de Muxia o incluso en el mismo Cabo.

Aquí también se encontraba la antigua ciudad de Duio o Dugium, construida ya en tiempos prerromanos y que prosperó bajo la dominación imperial. Se dice que tiempo después, esta urbe fue sumergida bajo las aguas del océano por castigo divino. Aquí habitaba el pueblo celta de los nerios, que mantenían un importante culto a Sol, por lo que erigieron templos y santuarios en la zona. Siglos después, tras la caída en la oscuridad de la ritualidad celta y romana, llegará la tradición cristiana. Bajo el mandato de extender el Cristianismo hasta los límites del mundo, este punto se convirtió en un lugar codiciado. Y aquí surge el fuerte influjo del Codex Calistinus, un antiguo manuscrito del siglo XII que da origen al culto y veneración del Apóstol Santiago en esta región. En este antiguo texto está recogida la llegada del cuerpo del santo a Finisterre y la persecución a la que fue sometida la comitiva que trasladaba su cuerpo por la vengativa reina Lupa de Duio. Usando una cruz, los discípulos logran en el Monte Ilicino matar a un dragón que custodia la puerta al infierno y domar a unos bueyes salvajes. La reina Lupa, al conocer estos milagros, se hace cristiana y ayuda en la construcción del futuro santuario de Santiago de Compostela.

Siguiendo el largo Camino de Santiago, miles de peregrinos recorrieron la ruta para poder llegar hasta uno de los puntos más sagrados de la Cristiandad: la catedral de Santiago de Compostela, donde reposan los restos del Apóstol. Pero, se afirma que el verdadero camino no concluye en la capital gallega, sino en Finisterre, siguiendo esa ruta marcada por la Vía Láctea hasta el Fin del Mundo. En el Medievo se extendió la creencia de que la Vírgen María había llegado en una barca de piedra hasta la zona para animar al Apóstol en su predicación, dando un aura milagrosa a este lugar. Por ello muchos peregrinos continúan su ruta después de Santiago de Compostela, llegando hasta este enclave casi mágico donde siguen el ritual de observar la puesta del Sol como una metáfora del renacimiento y del fin de ciclo, algo que se mantiene hasta nuestros días. Además en este Cabo se erigió el Faro de Finisterre en 1853, el más occidental de Europa y edificio emblemático que se construyó para guiar a los barcos por esta peligrosa zona. Por todo ello, Finisterre, el Fin del Mundo, sigue siendo un enclave donde se entremezclan leyendas, mitos e historias que nos hablan del culto al Sol, el Apóstol Santiago y la veneración del ser humano por los límites del mundo conocido.

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