Buscadores de otros planetas ¿en el Medievo?

La prehistoria de la Astronomía

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Mucho antes de los modernos súper telescopios, las computadoras o incluso de la electricidad, varios pensadores y eruditos medievales ya afirmaban que nuestro Universo poseía otros sistemas solares, planetas o incluso vida. Hablamos de grandes mentores como Nicolás de Cusa o Giordano Bruno, incomprendidos o tildados de herejes que se adelantaron a su época y prefiguraron lo que sabemos hoy en día de nuestro cosmos. ¿Quiénes fueron estos pioneros?

En pleno Renacimiento del siglo XV, diversos pensadores comenzaron a debatir el modelo aristotélico que definía la comprensión de los cielos, el dogma impuesto y custodiado por la temible Inquisición. Uno de los primeros en poner en duda estos axiomas tradicionales fue Nicolás de Cusa. Nacido en lo que entonces era el Sacro Imperio y actualmente es Alemania, se educó en la Universidad de Colonia, convirtiéndose después en doctor en Derecho. Se introdujo en la intelectualidad de la época y las élites pontificias, impulsando concilios y el pactismo en temas que por entonces dividían a la Cristiandad, siendo convertido posteriormente en cardenal. Una de sus muchas facetas fue la de filósofo, escribiendo numerosas obras en las que critica el sistema aristotélico y vierte sus dudas sobre que la nuestro planeta sea el centro del Universo. Entre sus muchos escritos podemos destacar «De Docta Ignorantia» donde plantea sus revolucionarios postulados: defiende la infinitud del cosmos, que denomina infinito privative o por privación, en tanto carece de límites.

Además afirmaba que el Universo posee vida en toda su extensión. El cosmos está formado por regiones donde gobiernan los elementos y todas están habitadas, aunque sus características dependerán de los elementos predominantes (más luminosos en el Sol, más materiales y densos en la Tierra, más espirituales en la Luna). Pero entre los habitantes de naturaleza intelectual, los de la Tierra son más nobles que los habitantes de las otras regiones, afirmaba el Cusano. Retomando la sabiduría pitagórica, el sabio creía que en la creación del Universo, Dios utilizó sobre todo la música, con la que daba forma y potencia a la materia. Estas ideas, peligrosas para el establishment romano, se mantuvieron encapsuladas en la intelectualidad de la época, conocidas por unos pocos, y toleradas sólo por la intachable vida de Nicolás de Cusa y su fuerte cercanía al Papa. Tras la muerte del Cusano en 1464, la intelectualidad comienza a acercarse más a estas ideas revolucionarias. En 1570 se producen algunos eventos que ponen de manifiesto las dudas sobre el aristotelismo, con la aparición de la estrella de Casiopea y el avistamiento de un cometa. Los tradicionalistas hablaron de milagros o de la inminencia del Juicio Final para explicar estos eventos, algo que según el modelo tradicional era imposible, pues se creía que las estrellas están fijas.

“Existen, pues, innumerables soles; existen infinitas tierras que giran igualmente en torno a dichos soles, del mismo modo que vemos a estos siete (planetas) girar en torno a este sol que está cerca de nosotros.”

Giordano Bruno

Es en ese intervalo cuando Nicolás Copérnico, gran impulsor del heliocentrismo, desarrolla sus investigaciones y ordena esperar al final de su vida para hacer públicas sus obras. Uno de sus grandes seguidores fue un joven napolitano, Giordano Bruno, doctor y sacerdote que fue pronto acusado de herejía. Perseguido, tuvo una vida errante por Europa, debatiendo siempre y buscando impulsar sus ideas, consiguiendo escaso apoyo. Su vida acabó al ser procesado y ejecutado por la Inquisición, pero sus obras e ideas siguen reverberando por su increíble validez. Alimentándose de las obras de Copérnico y Nicolás de Cusa, también afirmaba que el Universo era infinito y dio un paso más al afirmar que las estrellas están rodeadas de otros planetas en torno a las cuales rotan, conformando sistemas solares como el nuestro. Defendía que había vida en estos sistemas solares, rechazaba la noción del éter o las nociones de Creación y Juicio Final como principio y fin de los tiempos. Sus ideas provocaron la ira de las altas jerarquías, pero su figura ha sido ensalzada en los últimos siglos, demostrando la validez de lo que afirmaba. Pioneros y rebeldes, estos sabios se adelantaron a su época y miraron al futuro, predicando por una nueva forma de mirar los cielos y la vida del cosmos.

“Maravilloso es, Copérnico, que hayas podido aflorar en una época tan ciega, mientras toda llama de la filosofía parecía extinguida; es maravillosa la audacia con que has desarrollado los temas que enunciara en voz baja Nicolás de Cusa en la Docta ignorancia»

«De Immenso et Innumerabilis» de Giordano Bruno

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