El planeta donde llueven diamantes

Universo sorprendente

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Neptuno es uno de los grandes desconocidos de nuestro Sistema Solar, un mundo lejano y lleno de secretos. Lo poco que sabemos nos muestra un planeta sorprendente, con vientos supersónicos, lluvias de diamantes o tempestades colosales. ¿Cómo es este gigante gaseoso de un azul intenso? ¿cuáles son las preguntas que desvelan a la ciencia?

Neptuno tardó mucho tiempo en ser descubierto, ya que los astrónomos lo solían confundir con una estrella debido a su lejanía. Fue finalmente en 1846 cuando al fin fue colocado en los mapas celestes, como el noveno planeta del Sistema Solar, pero su descubrimiento se convirtió en una competencia entre Francia y Gran Bretaña por adjudicarse el hallazgo (se atribuye de forma tripartita a Le Verrier, Adams y Galle haberlo encontrado). Más allá de aquellos diferendos absurdos entre terrícolas, el planeta recibió su nombre de la divinidad romana de los mares, Neptuno, pero durante mucho tiempo poco se supo de de él debido a su inmensa lejanía. En 1989 finalmente pudimos obtener muchos más datos cuando la sonda Voyager 2 pasó junto a Neptuno y pudo fotografiar este gigante gaseoso, mostrándonos un mundo extraño y violento, así como sus curiosas lunas. Sin embargo, aún hay muchas más preguntas que respuestas sobre este planeta. Se espera para el 2032 lanzar una nueva misión encargada de estudiar a este gigante azul asi como a su vecino Urano, impulsada por la ESA europea.

Se trata del mundo más frío del Sistema Solar, debido a su extrema lejanía del Sol, con temperaturas que alcanzan los -220°C. A pesar de ello, este planeta guarda en su interior calor resultante de su nacimiento, lo que entre otras cosas, genera una meteorología digna del tempestuoso dios Neptuno. Aún no se conoce claramente cómo funcionan, pero los vientos alcanzan 2000 km por hora y se generan monstruosas tormentas como la Gran Mancha Oscura, semejante a la de Júpiter, con el tamaño de la Tierra. El helio y la luz solar producen que tenga su característico color azulado, teniendo una densa atmósfera de gases compuesta sobre todo por hidrógeno. Bajo esta pesada capa, que genera fuertes presiones, se encuentran grandes capas de hielo que dan paso a una especie de sopa muy caliente de amoníaco y agua. En sus profundidades, las presiones y las altísimas temperaturas de hasta 4000°C provocan la descomposición del metano en cristales de diamante, que caen en extrañas lluvias hacia el interior del planeta. A pesar de todo este apocalíptico cuadro, hay alguna noticia positiva: la presión en este planeta es muy semejante a la de la Tierra.

Neptuno es el hermano más pequeño de los gigantes gaseosos del Sistema Solar, y tarda la friolera de 165 años terrestres en dar una vuelta completa en torno al Sol. Lo orbitan varias lunas pequeñas que reciben el nombre de divinidades y ninfas grecolatinas de los mares como Tritón, Proteo o Nereida, en total 14. Tritón era un objeto de los muchos que flotan a la deriva en el cercano Cinturón de Kuiper, pero fue capturado por la gravedad del planeta y como si de una historia de amor se tratara, ocasionó la destrucción de una antigua luna de Neptuno, siendo muchas de las lunas fragmentos de este antiguo satélite. Tritón es además famoso por sus géiseres y volcanes de nitrógeno o sus curiosas superficies llamadas de «piel de melón», únicas en el Sistema Solar y con una forma casi viscosa. En 1989, la sonda Voyager 2 acabó con el antiguo debate sobre si Neptuno poseía anillos, confirmando la existencia de unos débiles aros de material, muy tenues y de color oscuro. Compuestos de polvo y silicatos, estos anillos son extremadamente débiles e investigaciones recientes muestran que podrían desaparecer. Sin embargo, aún hay muchas preguntas, ya que hasta ahora lo que sabemos es gracias a ese fugaz paso de la Voyager 2 junto al planeta. Por ello, este lejano y tormentoso mundo aún guarda muchos misterios que se espera poder desvelar en el futuro.

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