La génesis del surrealismo: Hilma af Klint

Conexión y arte

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A pocos les sonará el nombre de Hilma af Klint. Pero esta pintora sueca fue nada menos que la precursora del surrealismo, adelantándose una década a pintores mucho más famosos. Esta pionera es además un poderoso exponente de la conexión entre arte, intuición y el mundo que está más allá de lo que podemos ver con los ojos. Vinculada al espiritismo, la teosofía y las conciencias superiores, Hilma nos descubre un lenguaje totalmente nuevo que nos permite viajar al cosmos o el origen.

El Cisne n°18, 1915.

Hilma nació en las afueras de Estocolmo, en la población de Solma en 1862. Tuvo mucha suerte en poder alcanzar su sueño, ya que poseía medios económicos y pudo acceder a la Real Academia de Artes sueca, que además era una de las pocas instituciones de este tipo en Europa que aceptaban mujeres. Allí estudió las corrientes artísticas, influenciada por el modernismo y los impresionistas de la época, que empezaban a quebrar los cánones clásicos. Pero su vida sufrió un golpe severo de la mano de la muerte de su hermana, que supuso el empujón para que la joven artista se acercara al mundo del espiritismo y a otras realidades. Inicialmente, junto con otras 4 pintoras realizaba sesiones privadas donde practicaban una técnica poco convencional: conectando con otras esferas de la realidad, realizaban pintura automática o en trance. De esta forma pretendía contactar con la sabiduría interna, el «conocimiento del espíritu» y plasmarlo sin interferencias mentales. Posteriormente ya de forma individual, Hilma realizó numerosas de estas obras que mantuvo en secreto, mientras de cara al público realizó composiciones más tradicionales como paisajes o retratos.

La artista sueca llevó así una vida paralela, ocultando sus cuadros más singulares ya que consideraba que el mundo aún no estaba listo para poder apreciarlas. Y seguramente estaba en lo cierto, en una sociedad aún muy cerrada por entonces a todo tipo de arte que no se apegara a las normas tradicionales y más aún viniendo de una mujer.  Permaneció soltera y sin hijos toda su vida, dedicada a pintar, dando órdenes precisas de no descubrir su arte a la opinión pública hasta que hubieran pasado 20 años de su deceso. Fue uno de sus grandes amigos, el teósofo Rudolf Steiner quién le aconsejó que esperase un tiempo hasta que la sociedad estuviese preparada para ello. Se interesó en la filosofía, la teosofía y dedicó sus últimos años al estudio de la metafísica, abandonando la pintura en 1925. Falleció en 1944 en un accidente de automóvil. Fue 20 años después cuando al fin la obra de esta artista salió a la luz, permitiéndonos apreciar cuadros de gran calidad artística y espiritual. Desde entonces, la fama de esta pintora ha ido en crescendo, con numerosas exposiciones en diversos museos del mundo.

Piezas del Templo, n° 1, 2 y 3. 1915.

Aunque no es mencionada en los libros, en una deuda aún sin saldar con esta artista excepcional, Hilma se adelantó a todos los famosos pintores como Kandinsky o Modrian y fue la creadora de la pintura abstracta. Ya desde 1906 realizó cuadros de gran tamaño en el que pintaba esferas, pirámides, espirales u óvalos, buscando transmitir las formas cósmicas, la dualidad, las partículas o el génesis del todo. Plasmaba sentimientos y emociones a través de figuras abstractas, creando un lenguaje surrealista totalmente nuevo. Hilma quiso mostrar aquello a lo que sólo se puede acceder a través de la intuición o los ojos del alma, el mundo que existe más allá de lo físico, lo etéreo. Su extensa obra (más de 1000 pinturas y dibujos) la atribuyó a otros niveles más elevados de conciencia que eran los que le ordenaron realizarlas, como el caso de una entidad superior llamada Amaliel. Las obras de esta artista disertan sobre temas singulares como la religión, la ciencia, la materia, el cosmos,… en una mezcla de elementos psicodélicos, gnósticos, geometrías abstractas, juegos de colores y formas circulares de gran simbolismo. Sin duda, una pintora única, pionera en tantos campos, muy conectada, que nos abre los ojos hacia un mundo que pocos se han atrevido a plasmar en lienzos o en papel.

Fotografía de Hilma af Klint

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