La ciudad de barro y libros ancestrales

En Malí

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Tombuctú fue durante siglos el Dorado africano, una ciudad mítica a la que pocos pudieron llegar y volver para contarlo. Esta antigua urbe fue nada menos que capital del islam africano y un rico emporio comercial e intelectual, donde prosperaron universidades y mezquitas medievales. ¿Cuáles son los secretos de este punto perdido entre el desierto y el río Níger? Convertida en Patrimonio de la Humanidad, entre los principales atractivos están su arquitectura del barro y sus antiguos manuscritos, conservados durante siglos.

El río Níger forma un gran arco, dibujando la frontera entre las regiones tropicales del centro del continente y el desierto del Sáhara. Junto a este río, rodeada de dunas y víctima frecuente de las tormentas de arena, se encuentra Tombuctú, la llamada “ciudad de los 333 santos”. Se encuentra por lo tanto, en un punto estratégico, el nodo desde donde las caravanas de los mercaderes ascendían hacia el Mediterráneo o bajaban hacia el interior de África. El comercio se convirtió en la principal fuente de riqueza de esta ciudad, famosa por el oro, el marfil y otros productos que allí se traficaban, lo que la convirtió en una urbe codiciada y muy rica. Fundada por los tuaregs, una de las tribus que habitaban en los desiertos, fue pasando de manos de marroquíes, franceses y diversos reinos e imperios africanos.

La ciudad alcanzó su época dorada entre los siglos XIV y XV, cuando a la riqueza comercial se unió la intelectual. En Tombuctú se asentaron intelectuales y eruditos educados en el Norte de África, que fundaron bibliotecas, madrasas y escuelas, adonde acudieron miles de personas a formarse en ley islámica, derecho o teología. Se construyó una de las primeras universidades africanas, la de la mezquita de Sankore, erigida hacia el 1.300 y financiada por una rica mujer de la ciudad. A esta primera construcción luego se añadieron las imponentes mezquitas de Djinguereber, famosa por sus torres de adobe y madera, y la de Sidi Yahya, cuya puerta principal se mantenía cerrada por una leyenda que afirmaba que esta sólo se abriría el día del fin del mundo. El renombre de Tombuctú creció y se convirtió en la capital del Islam de África, centro universitario y sapiencial por excelencia. Eruditos y sabios estudiaron durante siglos en las madrasas, escribiendo cientos de libros y manuscritos medievales.

El aprecio por el saber y la intelectualidad se observa en que se construyeron numerosos mausoleos y tumbas en honor de santones y eruditos (los 333 santos) que según la tradición custodian a la urbe. En este lugar, la arquitectura de barro y madera alcanzó su cenit, en las bellas construcciones de los minaretes, mausoleos y palacios, algunas realizadas por arquitectos norafricanos medievales o del reino nazarí de Granada, cuyos descendientes siguen habitando allí. Se dice que incluso Gaudí fue influenciado por estas construcciones. Pero más allá de la arquitectura, la riqueza intelectual de Tombuctú está en sus antiguos libros. Se calcula que podría haber unos 400 mil escritos antiguos, algunos se remontan al siglo X o incluso de autores griegos, en un acervo incalculable y de inmenso valor histórico, tan importantes como los Rollos del Mar Muerto. Estas obras son extremadamente variadas con documentos comerciales, tablas astronómicas, tratados de medicina o libros sobre matemáticas, escritos en árabe y en una bella caligrafía llena de adornos. La historia hizo que estas obras estuvieran dispersas en arcones familiares y en las antiguas bibliotecas de las madrasas, y fueron copiadas durante años. Actualmente están siendo digitalizados (100 mil obras) y se depositan en su mayor parte en Bamako, capital de Mali.

La ciudad estuvo protegida durante siglos por su extensa muralla y sobre todo por una ley que decretaba la pena de muerte para todo visitante no musulmán. Recién en el siglo XIX empezaron a llegar los europeos, quedando bajo dominio francés en 1893 hasta la independencia de Mali. La UNESCO la convirtió en Patrimonio de la Humanidad, pero el turismo le fue esquivo por su localización y la crónica inestabilidad de la región. La desertización y las tormentas de arena, dejaron en peligro a esta la joya del Sahel, deteriorando sus milenarios monumentos. Pero fue finalmente la mano del hombre la que la arrasó. En 2012, la locura y el radicalismo religioso llegaron a su frenesí con la conquista de la ciudad por el grupo terrorista Ansar ad Din, que devastó algunos mausoleos, tumbas y mezquitas, por considerarlos opuestos al Islam. Incluso cientos de libros medievales fueron pasto de las llamas, pero la gran mayoría pudieron salvarse. En los últimos años, Tombuctú fue recuperada y se han realizado reconstrucciones como la de la famosa puerta del fin del mundo de la mezquita de Sidi Yahya. A pesar de los avatares y las dificultades, la joya del Sahel todavía se mantiene erguida y con muchos tesoros por descubrir.

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