El aventurero de las Américas

Aniversario

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Aventurero, investigador, geógrafo,… muchos son los adjetivos que se le pueden dar a Alexander von Humboldt, uno de los grandes intelectuales del siglo XVIII. Este año se cumplen 250 años de su nacimiento y con motivo de ello nos acercamos a la vida de este Indiana Jones dieciochesco que se atrevió tanto a subir a la cima de los volcanes o a estudiar los calendarios mayas.

Humboldt nació muy lejos de sus deseos de aventura, en la ciudad de Berlín, que por entonces formaba parte del creciente reino de Prusia, en 1769, en plena época de la Ilustración dieciochesca. Europa empieza a sacudirse el oscurantismo medieval y despierta a un nuevo mundo, buscando reintepretar todo de acuerdo a la máxima de la ciencia y la razón. En plena ebullición intelectual, el joven Humboldt de una familia pudiente se educa en varias instituciones, en ciudades como la muy docta Gotinga. La muerte de su madre y su buen pasar económico le permitieron abandonar su carrera como funcionario y se lanza a su incansable carrera de querer descubrir todo. Pronto se relacionó con otros grandes intelectuales de la época como Goethe, Lamarck o Schiller. Auténtico polímata, estudió sobre casi todo, en una continua sed de conocimientos que lo llevó a sumergirse en la geografía, la climatología, la mineralogía, astronomía o incluso la botánica. En 1789 estallaba la Revolución Francesa, impulsando su liberalismo y su oposición al autoritarismo, algo que mantuvo durante toda su vida, denunciando abusos e injusticias.

Su viaje a África nunca pudo concretarse por lo que en 1799 decide partir a América, todavía bajo dominio español. Allí comienza un largo periplo que lo llevó a recorrer casi toda Centroamérica, México, EEUU y parte de Sudamérica, acompañado siempre del francés Aimé Bonpland. En una época en la que los caminos de ripio eran un lujo muchas veces inexistente, se aventuró en el interior de México, las cordilleras de los Andes o las selvas de Venezuela. Una de sus grandes pasiones fue el estudio de los volcanes y su medición, lo que lo llevó a escalar montañas como el Cofre de Perote, el Chimborazo de Ecuador o el Popocatepetl mexicano. Estudió el clima, las aguas de los mares, cartografió las costas y montañas y se interesó por las ruinas de época precolombina, sin olvidarse de denunciar las condiciones de algunas comunidades de indígenas. Fueron 5 años de un intenso trabajo de estudio en el campo, y con su ingente material recopilado retornó a Europa, siendo recibido en París como una celebridad donde generó una honda impresión por sus conocimientos. En Prusia fue nombrado asesor del rey ilustrado Guillermo III, y tras algunos viajes a Rusia y EEUU, se dedicó a redactar su extensa obra. Falleció en su ciudad natal en 1859.

Humboldt contribuyó a que sepamos más sobre nuestro mundo, sin limitarse a ninguna materia y abriendo su mente a una interpretación general en la que se interrelacionaban el clima, la orografía, la sismología o incluso la ornitología sin ser compartimentos estancos. Ello le permitió desarrollar una actividad masiva, haciendo muchos descubrimientos y aportando un ingente caudal de conocimientos a la ciencia. Descubrió por ejemplo la corriente fría que alimenta las costas americanas y que lleva su nombre; fue un pionero en el estudio de la corteza terrestre; acuñó el término isotermas de la climatología; realizó una obra inestimable de cartografiar el territorio americano, las costas o las montañas, a lo largo de 10 mil kilómetros, creando mapas que fueron usados hasta muchos años después; sentó las bases de la sismología, con el estudio de los volcanes y los terremotos andinos. Escribió Cosmos, una obra colosal en 5 volúmenes, un compendio que sentó las bases del estudio del mundo y los fenómenos climáticos. Sin duda, un gran intelectual que con su deseo de saber y conocer sentó las bases del futuro, que con la pequeña excusa del aniversario de su nacimiento merecemos conocer y honrar.

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