La leyenda de las estatuas que lloran

Misterios de Egipto

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Los Colosos de Memnón siguen fascinando a pesar de su mal estado, siendo una de las principales joyas de Luxor, Egipto. Estas imponentes estatuas se vieron envueltas en una leyenda que aseguraba que en ellas habitaba una diosa doliente, convirtiéndose incluso en un punto de peregrinaje. ¿Quién las construyó? ¿Por qué emiten sonidos? El misterio y la grandeza de estas estatuas sigue asombrando a pesar de los milenios transcurridos desde su construcción.

Templos de Tebas

Tebas, situada en pleno Valle del Nilo, fue una de las ciudades más importantes del Antiguo Egipto. Centro de culto, en ella se alzaban suntuosos templos en honor a las grandes divinidades, como el complejo de Karnak o el de Luxor, junto a decenas de templos funerarios y tumbas de los Valles de los Reyes y las Reinas. Se trató por lo tanto de un punto fundamental de la mentalidad egipcia, llamada Waset en el idioma antiguo. En ella se encuentran algunos de los grandes logros en arquitectura de la historia como es la sala hipóstila del Templo de Amón, el más grande del planeta con sus monumentales 134 columnas. Entre todo este esplendor, erigido por el poder de los faraones y sus inigualables ejércitos de artesanos, hay dos figuras que destacan. Hablamos de los famosos Colosos de Memnón, que ya sobrecogió a los visitantes griegos que las visitaron por primera vez.

Estos Colosos fueron mandados ha construir por el faraón Amenofis III. Su reinado fue extenso y próspero, gracias sobre todo a sus predecesores, que habían logrado estabilizar las fronteras y consolidar al reino del Valle del Nilo como la primera potencia de la región. Amenofis III se dedicó sobre todo a impulsar grandes construcciones, templos y palacios, acompañado de la reina Tiy, la cual tenía un gran poder. Con ella tuvo a Akenatón, quién tiempo después al llegar al trono desataría una etapa de inestabilidad, con sus luchas con el clero de Amón y su intento de imponer un monoteísmo solar con la figura de Atón. Pero, su padre, Amenofis desencarnó en paz tras 39 años de reinado y su cuerpo fue llevado al imponente templo que ordenó construir. Compuesto de grandes salas, patios, estelas, cientos de estatuas y todo el esplendor de entonces, de este templo funerario lamentablemente no nos queda nada, excepto los dos colosos que miles de años después de ser erigidos siguen vigilando el acceso a un templo que ya no existe.

Son estos los Colosos de Memnón, dos moles sedentes de unos 20 metros de altura que representaban al faraón Amenofis III sentado y con los brazos en el regazo. Estas dos grandes estatuas, hechas con cuarcita, siguen generando fascinación en los turistas. Los colosos cuentan con estelas, jeroglíficos y bajorrelieves que lo decoran, representando al dios Hapy, así como a la primera esposa y la madre del faraón: Tiy y Mutemuia. Los Colosos ya llamaron la atención de los viajeros griegos como Estrabón que llegó en el año 20 antes de Cristo, quién además aseguró algo sorprendente: al acercarse notó que las estatuas emitían sonidos, semejantes a gemidos y sollozos. Este hecho provocó que las estatuas se vincularan a Memnón, un héroe etíope de la mitología griega que murió en la Guerra de Troya y su madre, la diosa Eos llora desde entonces por su hijo fallecido. Cientos de personas atraídas por esta leyenda se acercaron durante los siglos a observar estas dolientes estatuas que parecen observar con tristeza el horizonte y el anochecer. Tiempo después se descubrió que el sonido de los Colosos se debe a la dilatación del material, los cambios de temperatura y la humedad. Pero, estas grandes estructuras, muy dañadas por el paso del tiempo, no han perdido un ápice de su poder y magnificencia, continuando su inmortal tarea de custodiar al faraón.

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