¿Quién le teme al silencio?

Autoconocimiento

0 478

Vivimos rodeados de ruido, en grandes ciudades en las que abunda el tráfico, las obras o cualquier tipo de música. Ambulancias, coches, motos, obreros taladrando, pitidos, bocinas,… Por si eso no fuera poco, al llegar a nuestros hogares y cerrar la puerta, prendemos televisores, la radio o la computadora, con música, anuncios publicitarios o cualquier programa. A lo que hay que sumar el bullicio natural de vivir con otras personas, hijos, parejas,… El ruido es una parte fundamental de nuestro día a día, nos acompaña de forma natural o lo generamos para sentirnos bien. Por eso, hay que preguntarse, ¿existe el silencio en nuestras vidas? ¿por qué nos hemos enemistado con el silencio? ¿consideramos el silencio como algo negativo?

Históricamente, aquellos que deseaban buscar la verdad última se retiraban de las ruidosas urbes y se aventuraban en colinas, montañas o bosques alejados de todo. Es el caso de los ermitaños, que en los albores del cristianismo se retiraban a desiertos o promontorios escarpados buscando la comunicación con Dios en la Naturaleza silente. Después continuó en los monasterios medievales, con muchas horas dedicadas a la contemplación o el silencio. Algo semejante ocurría en Oriente, en los templos o entre los yoguis indios, donde el silencio y la meditación era fundamental para buscar la verdad a través de esta holografía en la que vivimos (maya). El silencio ha sido una potencia ambivalente, con un aspecto positivo y otro negativo. Positivo porque a través del silencio se puede escuchar la voz de la conciencia, conectar con Dios (o en lo que crea cada uno), encontrarse a uno mismo o hallar esa sabiduría e intuición que todos llevamos dentro. Y negativo también, porque se hablaba del «silencio de Dios», esa soledad que se sentía cuando ante eventos desafortunados no se lograba conectar con la voz de la Divinidad, cuando el Supremo parecía dejarnos solos ante los golpes del destino.

Prefiero el silencio al sonido. La imagen que producen las palabras se da únicamente en el vacío: el trueno y la música de la prosa nacen del silencio

William Faulkner

Pero si volvemos a la actualidad, el silencio es sinónimo de desinterés, lentitud o frialdad. Las personas se sienten incómodas ante los silencios o las pausas, se busca la palabra constante, el sonido que nos calme. Cuando alguien esta en silencio, le preguntamos ¿estás bien? En las redes sociales o en cualquier evento hay que decir, hablar, comunicarse, hacer ruido, hacerse notar, sino estamos «muertos», somos irrelevantes. Buscamos parejas huyendo de los hogares silenciosos, prendemos la música para evitar la ausencia de sonido. Porque ¿qué queda de nosotros cuando llegamos a casa y estamos irremediablemente en silencio? ¿Qué ocurre cuando se apagan todas esas distracciones tecnológicas que nos rodean? Volvemos a nosotros, nos reencontramos. Pero no estamos acostumbrados a ello, nos repele la idea de sentirnos, hemos perdido el contacto con nosotros que sólo el silencio es capaz de propiciar. La soledad y el silencio se han vuelto sinónimos nefastos, el anatema de una sociedad acostumbrada al bullicio y a vivir deprisa.

Pero quiero reivindicar las virtudes del silencio. Gracias al silencio podemos descansar y recargarnos de energía, nos trae calma y nuestro cuerpo se recupera. En las pausas reconectamos con nosotros, somos conscientes de nuestra respiración y volvemos a la energía del planeta y del cosmos. La ciencia nos confirma que el silencio es muy beneficioso ya que contribuye a bajar la presión sanguínea, se regeneran las células del hipocampo o el propio cerebro, aumentando la concentración y la memoria. Una vez que logramos tener silencio, llega el paso más importante, acallar esa otra maquina que nos habla las 24 horas: la mente. Es el paso que más miedo da, esa voz automática del cerebro que nos recuerda el pasado o nos hace temer el futuro, recriminándonos el presente. Pero recordemos que la mente puede acallarse, puede adiestrarse, calmando las dudas y temores y entendiendo que somos seres con múltiples capacidades y muchas oportunidades en la vida. Una vez que la mente se aquiete llegaremos a nosotros, abriremos la tapa del cofre y podremos conectar no sólo con nosotros sino también con el planeta y el cosmos. No tengas miedo…

You might also like More from author

Comments

Loading...