Dioses de Mesopotamia

Religiosidad antigua

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La cultura mesopotámica fue un paso fundamental de la civilización actual. Ingenieros, astrónomos o poderosos reyes, los habitantes de esta región nos dieron la escritura o la rueda y nos dejaron impactantes ruinas en Babilonia, Uruk o Mari. Pero su mitología y religión es poco conocida, si la comparamos con la griega o la egipcia. ¿Cómo fue la religión de estas antiguas gentes?

Mesopotamia significa «tierra entre dos ríos» en griego, refiriéndonos a las orillas del río Tigris y Éufrates, una región árida pero que pudo ser cultivada gracias a canales y acequias. Es aquí donde surgen pilares de nuestra civilización como la escritura, la rueda, el cálculo o los primeros códigos de leyes, lo que nos habla de una civilización organizada. Pero, la historia mesopotámica es sumamente inestable, con constantes guerras, etapas de paz, invasiones extranjeras, imperios y ciudades estado que se disputaban el poder. Fruto de esa inestabilidad, la religión y el culto de esta región es muy variado y diverso, con multitud de ritos, divinidades y mitos. Pero podemos hablar de unas líneas maestras que marcaron la religiosidad de los antiguos mesopotámicos. Sus mitos fueron la base para la tradición de otras religiones, como el Arca de Noé bíblico, que se basa en la Epopeya de Gilgamesh de los acadios, escrita hacia el 2.500 antes de Cristo, la escritura épica más antigua que conocemos.

Los dioses eran vistos por estas gentes antiguas como divinidades a las que temer, egoístas, poderosas y caprichosas, a las que había que agradar. Los dioses eran seres lejanos que no tenían aprecio por los mortales, a los que crearon para que los sirvieran. Todo ello genera una visión pesimista y negativa, en la que los dioses eran fuerzas todopoderosas e inmortales pero llenas de las debilidades del ser humano. El panteón mesopotámico era muy amplio, con divinidades de primer orden y otras secundarias que actuaban como servidores divinos. El dios padre era Anum, junto al cual estaban dioses como Enlil dios de los vientos, Ishtar, diosa del amor, Shamash, el patrón del Sol o Enki dios del mundo subterráneo. Cada dios protegía una determinada ciudad, a la que había que agradar para obtener victorias o riquezas, buscando su apoyo para cada acción política, siendo las divinidades las que según la mentalidad de la época creaban las ciudades para que le sirviera de hogar y sus ciudadanos fueran sus servidores.

Metáforas de la colina primigenia, los arquitectos construyeron los templos con forma de pirámides escalonadas, los zigurats. Estos grandes complejos era donde habitaban los dioses, así como la casta sacerdotal compuesta de hombres y mujeres (que podían casarse pero no tener hijos) que recibían ofrendas y donaciones, y desde donde se observaban las estrellas, en una fuerte relación con el cosmos. En la parte más sagrada del templo habitaba la estatua del dios, que debía ser alimentado con los mejores manjares y las bebidas más selectas. También eran bañados, vestidos, enjoyados y sacados de procesión en las festividades más importantes. Los reyes debían consultar cada decisión con el templo, desde un matrimonio a una declaración de guerra, buscando siempre el equilibrio entre los mortales y las divinidades. Cientos de animales era sacrificados en los templos, como nos muestran las tablillas encontradas, todo para obtener el beneplácito divino. Todo ello nos muestra una religiosidad antigua y arcaica, pero llena de curiosidades y elementos que muchos otras culturas replicarían siglos después.

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