Celtas ¿religión o magia?

Druidas y dioses

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La religión celta es uno de los grandes misterios de la historia, un campo del que sabemos poco y sobre todo de fuentes indirectas. ¿Cómo era la ritualidad del mundo celta? Para ello debemos introducirnos en el misterioso mundo de los druidas, los dioses de los árboles o la guerra. Todo con el fin de buscar la verdadera religión celta, tergiversada por diversas corrientes actuales que han creado una imagen romántica e idealizada que poco tiene que ver con la realidad.

Aunque la mayoría conocemos a los celtas, se trata de un término ambiguo que se refiere a diferentes pueblos atlánticos que habitaron en el Occidente europeo. Sin embargo, es difícil buscar puntos que unifiquen a estos pueblos, que muchas veces desconfiaban unos de otros y guerreaban entre sí, sin formar una entidad clara. El término celta proviene del griego keltoi, que quiere decir «ocultos» y con esa palabra los escritores grecorromanos se referían a las tribus que vivían al norte de los Alpes franceses o el norte de España. Pero podemos decir que los celtas surgieron hace unos 3000 años, destacaban por ser maestros del hierro y muy aguerridos. El hecho de que carecieran de fuentes escritas y su tradición fuese sobre todo oral hace que tengamos datos muy fragmentarios sobre ellos o que los conozcamos por fuentes indirectas de autores como Julio César, Posidonio, Plinio o Polidio. Fuentes que están teñidas del desprecio con el que veían los grecorromanos a los «bárbaros» de más allá de sus fronteras o la poca comprensión de su cultura.

Otro elemento que puede ayudar a entender estos evanescentes pueblos es el culto, pues entre todos tenían unos puntos en común. La ritualidad celta es sumamente compleja, vinculada fuertemente a la magia y nuevamente la conocemos por fuentes escasas o indirectas. Las tradiciones orales recién aparecen plasmadas en escritos en Irlanda después de la cristianización. Esta religión ha sido tergiversada por los autores latinos, que intentaban entenderla y explicarla desde la concepción romana. Por ello, compararon las divinidades celtas a las de sus templos mediterráneos. Pero las divinidades de los pueblos celtas eran muy diferentes,  ya que los veían como seres sin forma o rostro, abstractos, que se transformaban constantemente, acompañando todos los estados del ser humano, con muchas manifestaciones. La humanización de un dios era algo inconcebible para la mentalidad celta. Además eran muy numerosos, algunos locales, otros más extendidos. Entre los más extendidos estaba Lugus, el dios artesano supremo, Cernuno, patrón de la Naturaleza, Epona, diosa de los caballo o Sucelo, vinculado al mazo. 

Pero, a pesar de todos estos dioses, los celtas creían en una entidad superior, absoluta e innombrable, que gobierna y esta presente en todo lo que existe. A esta fuerza absoluta le daban muchos apelativos. Además, los celtas tenían un gran respeto por los elementos de la naturaleza, sobre todo los árboles y las aguas, lagos o ríos, donde siempre habitaban criaturas mágicas o divinas, auténticas puertas al mundo sutil. Los guardianes del culto eran los druidas, vinculados a la magia o la adivinación, que eran considerados siempre ilustres consejeros por su edad y experiencia y educaban a los jóvenes. Julio César ya habla de ellos en su obra «La Guerra de las Galias» donde los considera una poderosa casta sacerdotal. No hay que olvidar que los celtas fueron sobre todo pueblos guerreros, en los que la guerra era un espacio sagrado donde había que vencer o morir. Lamentablemente, en la actualidad el mundo ritual de los celtas ha sido tergiversado o modificado de la mano de las corrientes new age u holísticas, desvirtuando la tradición e inventando desde el desconocimiento. Por ello, es importante retornar a las raíces y recordar lo que fue en verdad la religión de los celtas, llena de misterios y sabiduría ancestral.

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