El sabio de todos los tiempos

Aniversario

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Se cumplen 500 años del fallecimiento de Leonardo da Vinci, uno de los mayores eruditos de todos los tiempos y una de las principales figuras del Renacimiento italiano. Pero, ¿por qué es tan valorado este sabio italiano? Sus descubrimientos siguen sorprendiendo por su agudeza y precisión, su arte sigue iluminando al mundo por su belleza y su curiosidad nos inspira a todos.

Da Vinci es considerado como uno de los mayores sabios de todos los tiempos y tal vez uno de los primeros científicos de la Historia, sin embargo se da la ironía de que nunca recibió formación universitaria. Nacido en 1452 en la Toscana, pronto descolló por sus habilidades como pintor, pero su sed de conocimientos lo llevó a estudiar y formarse prácticamente sobre todo: ingeniero, arquitecto, filósofo, urbanista o botánico. Recorrió varias cortes italianas, como Milán, Florencia o Venecia, convirtiéndose en una criatura del Renacimiento, uno de los máximos exponentes de un movimiento que empezó a erosionar el pensamiento medieval. Denostado por los eruditos de la época y rechazado por no saber latín, la lengua del saber de la época, su brillantez irradió a pesar de todo y nos regaló obras tan paradigmáticas para la cultura occidental como la inmortal Mona Lisa o el Hombre de Vitruvio. Fue un adelantado a su época, un «ser divino» capaz de hacer de todo, como lo describe su biógrafo Vasari.

Curioso hasta la exageración, Da Vinci fue uno de los primeros en analizar, observar, buscar patrones y refrendarlos con experimentos; uno de los primeros científicos, en una época en la que para defender algo se recurría a la Biblia o a los profetas. Gracias a esto, Da Vinci se adelantó a su tiempo y abrió la puerta a descubrimientos que fueron confirmados siglos después. Fascinado por el movimiento, estudió e ideó cientos de objetos y maquinarias, se interesó por la fricción, e inventó los rodillos o el gato, aparatos que serían usados recién 400 años después. Se adelantó a Newton en sus postulados sobre el movimiento, descubriendo la ley de inercia. En sus increíbles cuadernos, se aprecia su profunda observación de lo que lo rodeaba y su minuciosidad en sus análisis, siendo consideradas sus anotaciones como las más agudas de la historia de la Humanidad. Gracias a ello, estudió el cuerpo humano y llegó a desentrañar el funcionamiento de la aorta, algo que recién sería confirmado en 1960, o el flujo sanguíneo a lo largo del organismo, así como la estructura del corazón.

En una época en la que en Europa la higiene era mínima e incluso se consideraba que bañarse era negativo, se preocupó por estudiar la mejor forma de planificar y sanear las ciudades. Ideó el uso de retretes, la limpieza y salubridad de las calles, la purificación de aguas sucias o la recolección de basura. Se preocupó por la superpoblación de las ciudades italianas o la falta de alcantarillados y agua potable. Su perfeccionismo alcanza su culmen en sus famosos cuadernos, donde anotaba sus disquisiciones y conclusiones. Están escritos en lo que se conoce como escritura especular, de derecha a izquierda, lo que ha llevado a muchos a asegurar que contiene claves ocultas. Pero, lo que llama la atención es su planificación, combinando imagen y palabra perfectamente, desarrollando en cada página un tema completo, buscando simetría y estricto orden, así como ser interactivos. Ello ha llevado a muchos a asegurar que estos cuadernos fueron escritos para ser publicados, algo que nunca llevó a cabo. Por todo ello, y también por su excepcional arte, Leonardo da Vinci sigue brillando en la historia 500 años después, como un faro de saber y curiosidad.

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