Otras reconstrucciones milagrosas

Después de la destrucción

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El incendio de la histórica catedral Notre Dame de París, provocó un escalofrío en todo el mundo. Las imágenes y el impacto del desastre sacudieron a los franceses y a todo el mundo, por la importancia simbólica e histórica de este monumento que corona la Ville Lumiere. Pero la Historia está llena de monumentos que sufrieron daños o fueron totalmente destruidos y pudieron reconstruirse. ¿Cuáles son los principales ejemplos que tenemos de milagrosas reconstrucciones? Desde los monumentos de muchas ciudades alemanas, los palacios de la señorial Viena o la Varsovia de posguerra, son muchos los monumentos o incluso urbes enteras que resurgieron de sus cenizas. Estos resurgimientos han permitido incluso que diversas joyas arquitectonicas puedan adaptarse a las nuevas épocas y mejorar en algunos aspectos.

Reconstruida Frauenkirche, Dresde

La Segunda Guerra Mundial fue una auténtica hecatombe para el patrimonio histórico y artístico europeo. Una de las ciudades más dañadas fue Dresde, llamada la París alemana del Elba por su riqueza arquitectónica y sus hermosos edificios barrocos. La ciudad del rey Augusto el Fuerte, fue reducida a escombros, perdiéndose el bellísimo Palacio de Dresde, la imponente catedral o la famosa Stemperorer, el teatro de la ciudad. El zarpazo de la guerra dejó esta lujosa ciudad como un montón de ruinas, sin embargo, desde 1945, las autoridades alemanas fueron reconstruyendo todos y cada uno de los monumentos. Uno de los muchos ejemplos es la Frauenkirche, la bella catedral protestante, cuya famosa cúpula sucumbió ante los bombardeos. En 1994 comenzó su reconstrucción, financiada desde todas partes del mundo. La obra fue realmente monumental, reconstruyéndose los frescos, las campanas o incluso el órgano, imitando técnicas barrocas. A la cúpula, hecha de arenisca y una de las más grandes del mundo, se le añadieron discos de metal, lo que permitió darle mayor estabilidad que la que tenía la antigua. Los escombros que dejaron los bombardeos fueron numerados y mediante un sistema informático se fue colocando cada ladrillo en su lugar original. En 2005 fue reinaugurada y es el lugar más visitado por los turistas de la ciudad.

Centro de Varsovia reconstruido

Otro ejemplo sobresaliente de reconstrucción meticulosa fue Varsovia. La orgullosa capital polaca, llena de palacios, iglesias y edificios góticos o barrocos, fue devastada durante la ocupación alemana entre 1939 y 1944, quedando en pie solo las instalaciones ferroviarias. Sin embargo, al finalizar la conflagración, las autoridades polacas se pusieron manos a la obra y reconstruyeron el casco histórico al detalle. Los escombros recogidos fueron recolocados y poco a poco los edificios volvieron a elevarse, imitandose incluso los materiales. Para ser lo más fieles posibles, los arquitectos se basaron en las pinturas de estudiantes de arte del período entreguerras o de un antiguo pintor del siglo XVIII, Bernardo Bellotto, que retrató la ciudad en muchas de sus obras. Edificios como el Palacio Real, de estilo barroco neoclásico, antigua residencia del rey polaco, fue reconstruido al detalle, o la famosa Columna de Segismundo, símbolo de la ciudad, rehecha a partir de imágenes del siglo XIX y recolocada en 1949. En reconocimiento del mayúsculo esfuerzo reconstructivo, todo el centro de Varsovia fue convertido en Patrimonio de la UNESCO.

Otro ejemplo es la palaciega Viena, capital austríaca. En 1945, los bombardeos y un desafortunado incendio, destruyeron una de sus principales joyas arquitectónicas, la Opera, dejando a la capital de la música sin su principal escenario. Sin embargo, las obras se iniciaron enseguida, volviendo a abrir sus puertas en 1955. Su sala principal mejoró su acústica con la instalación de paneles de madera y se sacaron las columnatas que reducían la visibilidad. Posteriormente se ampliaron las instalaciones, incluyendo las nuevas tecnologías, salas de ensayo y nuevos sistemas de luz o ventilación que han hecho del edificio un portento de la música escénica. Otro ejemplo es la catedral de Reims, afectada por una bomba alemana en 1914 que provocó un grave incendio, derritiéndose sus techumbres de plomo. Las obras de reconstrucción se iniciaron entre otros gracias al dinero de los Rockefeller y permitieron sustituir su armazón de madera por otro ignífugo y más ligero, permitiendo evitar incendios. Todos estos ejemplos nos muestran que mantener los edificios intactos a lo largo del tiempo es difícil, y que los desafortunados accidentes también permiten actualizar los monumentos y darles más vida. El patrimonio debe ser protegido pero los cambios o las transformaciones son inevitables y también puede suponer nuevas oportunidades.

Momento del bombardeo de la catedral de Reims

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