Encontrar nuestra voz

La conexión con nuestro ser

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Cuando hablamos, muchas veces contamos lo que nos han dicho otros o lo que hemos escuchado en algún sitio. Repetimos de forma inconsciente o consciente, siendo una casilla más de esa nebulosa que llaman “opinión pública”. Pero ¿qué opinamos nosotros, qué pensamos interiormente? ¿concordamos con lo que opina esa “mayoría”? Es importante que encontremos nuestra voz interior, nuestra propia voz, y nos demos cuenta que lo que nos dicen los demás es una construcción del otro a partir de sus experiencias y sus vivencias.

Vivimos en la Era de la Información, rodeados de todo tipo de pantallas, Internet, imágenes o Wikipedia. La información fluye, abierta a todos en la mayoría de los casos. Estamos acompañados en todo momento de panelistas, escritores, presentadores de televisión, voces de la radio e incluso de nuestros vecinos y familiares. En este contexto colectivo y cada vez más numeroso, nos interrelacionamos con mucha gente todos los días, cada uno de ellos con sus opiniones y formas de vida. Toda esta algarabía de voces que nos rodean todos los días depositan en nosotros muchas capas de información que van formando un inmenso reservorio del que muchas veces echamos mano cuando hablamos. Es por ello, importante escucharnos cuando hablamos y hacernos una pregunta ¿cuándo hablamos damos nuestra opinión o la de todos los que nos hablan todos los días?

Nos hemos acostumbrado a opinar sobre cualquier tema, incluso aquellos sobre los que tenemos poca información, aplicando muchas veces el principio de la famosa Navaja de Ockham (filósofo inglés): la respuesta más fácil es la más probable. O acabamos repitiendo las opiniones que hemos escuchado, lo que nos contó el vecino del 4° o el mozo de la cafetería de la esquina. Lo hacemos de forma consciente o incluso de forma inconsciente, por comodidad, por no desentonar con los demás o simplemente por desconocimiento. Al repetir las opiniones de los que nos rodean o escuchamos, olvidamos que todos ellos hablan desde su nivel de conocimiento, desde su subjetividad y desde su experiencia personal. Y nosotros, como siempre ha hecho el ser humano, damos un valor superior al exterior, a lo que nos dice el otro, desechando lo que opinamos  y lo que surge de nosotros. Obviamente, no podemos tener nuestra propia opinión de todo lo que ocurre en todo momento, no somos omnímodos. Pero sí podemos clarificar nuestro pensamiento, teniendo en cuenta que lo que dicen los demás no construye nuestra realidad.

Hagamos oír nuestra propia voz, nuestros pensamientos, sin echar mano de lo que nos dijeron o lo que escuchamos en el ascensor o en la cena de ayer. Salgamos de la nebulosa en la que nos hunden las mil voces que nos rodean cotidianamente y primemos la voz de nuestro interior. Como explica la filosofía cósmica de Origen Estelar (Anael & Elder), todos poseemos 3 voces. La 1° voz, con la que hablamos y nos manejamos en la vida cotidiana, una voz que en muchas ocasiones habla más de lo que quisiéramos o nos vincula demasiado con la Tercera Dimensión. Es la voz que debemos ir limando, para que nuestro mensaje sea claro y transparente. La 2° voz, la de la intuición, esa que llevamos en nuestro interior y que nos aconseja desde que nacimos, esa que llamamos el Maestro Interno, que nos guía y nos cuida. Y la 3° voz, aquella superior a las otras, en la que no interviene ni la mente ni el corazón, pura intuición, que nos permite comunicarnos con otros planos dimensionales. Es voz simplemente ES. A ese último escalón es donde debemos llegar, a esa comunicación superior. Pero para ello el camino empieza en encontrar nuestra propia voz, retornar a nosotros mismos y avanzar en adelante.

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