Azul y verde, la magia de la turquesa

Piedra de los dioses

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Esta piedra de color azul verdoso tiene muchas propiedades que han sido reverenciadas durante los siglos, usada como joya, amuleto o gema sanadora. ¿Qué virtudes se le atribuyen a esta piedra? Difícil de encontrar, está presente en unos pocos lugares donde es explotada intensamente, de formas artesanales. A pesar del paso del tiempo, las turquesas han tenido siempre un gran valor tanto económico como espiritual.

Montañas de Mashhad, Irán

La turquesa es una piedra muy apreciada por sus exuberantes y bellos colores, con una amplia gama que mezcla el verde y el azul. Sus tonos verdes provienen del hierro, mientras que el azul es resultado del cobre. Pero también se han encontrado turquesas blancas o incluso amarillentas. Otra causa de su alto valor es su escasez, se trata de una piedra rara, poco frecuente, que se encuentra sobre todo en zonas desérticas. Irán fue la gran suministradora de estas piedras a Europa y las civilizaciones de Oriente Medio, a través de la Ruta de la Seda. Es en este país donde se encuentran las más perfectas y apreciadas, sobre todo cerca de la ciudad de Mashhad, la ciudad de estas piedras. Pero también se han encontrado en la bíblica península del Sinaí, llamada en la época egipcia el “país de las turquesas”, en Asia Central, EEUU o el Himalaya.

Sus intensos y atractivos colores la convirtieron en una apreciada joya que decoraba brazaletes, coronas, vasos o colgantes de las clases altas. Era considerada una piedra protectora, por ello era colocada profusamente en vestiduras y adornos. Pero la turquesa tuvo siempre una intensa relación con la ritualidad y la religión, utilizada como amuleto frente a las energías en desarmonía y puente hacia el mundo divino. En Asia era usada para atraer el amor, se la considera portadora de buena fortuna en los viajes, por ello, Cristobal Colón o Vasco de Gama la llevaban en sus viajes marítimos. A pesar de su apariencia, la turquesa es frágil, ya que está compuesta sobre todo de fosfatos, siendo usada muchas veces para fabricar pintura. Esta era empleada para atraer la lluvia o proteger a los muertos en las tribus de América, atribuyéndoles poderes mágicos.

El nombre de la turquesa proviene de un antiguo error, ya que recibe su denominación de “piedra turca” en francés, ya que se creía que venían de ese país. Como ya hemos dicho, se le atribuyen muchas cualidades en el mundo etéreo, siendo una piedra de los dioses para las antiguas civilizaciones. Su color celeste o azulado se lo vinculaba a los cielos y la bóveda celeste, el hogar de las divinidades. Pero también se la considera una piedra sanadora, siendo empleada en muchas afecciones. Esta gema es especialmente utilizada para afecciones respiratorias de cualquier tipo, algo que ya se hacía hace cientos de años. También como antiinflamatorio o enfermedades de los ojos. Más allá de la medicina, la turquesa se cree que ayuda a la autorrealización y para alcanzar o mantener el equilibrio emocional. Esta piedra, como tantas otras está llena de belleza y potencialidades, que nos muestran nuevamente que el mundo mineral también está vivo y nos aporta enseñanzas para nuestra forma de vivir.

Serpiente azteca hecha con turquesas

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